La Real Sociedad se enfrentó al Real Oviedo en un partido que prometía ser decisivo, especialmente considerando la situación de los visitantes, que ocupan el último lugar en la tabla. Desde el inicio, quedó claro que la victoria era esencial para los locales, quienes necesitan reafirmar su posición y aspiraciones europeas. Sin embargo, el encuentro resultó ser una montaña rusa de emociones que terminó en un empate a tres goles, dejando a los aficionados con un sabor agridulce.
La primera parte del encuentro fue marcada por una falta de intensidad en el juego de la Real, que no logró imponer su estilo habitual. Tras una primera aproximación de Oyarzabal, el equipo se mostró incapaz de concretar sus oportunidades, incluyendo una clara mano de Bailly que fue sancionada en contra por el árbitro, Munuera Montero, generando controversia entre los seguidores.
La segunda mitad comenzó de manera desastrosa para la Real. En cuestión de minutos, los visitantes aprovecharon dos errores defensivos para adelantarse en el marcador con un 0-2, ambos goles derivados de tiros de esquina mal defendidos. La situación parecía insostenible, pero, con coraje y determinación, los locales consiguieron recortar la distancia gracias a un gol de Óskarsson, lo que reavivó la esperanza entre los aficionados en las gradas de Anoeta.
A pesar de los esfuerzos de la Real, la defensa continuó siendo un punto débil. Un nuevo tanto de Caleta-Car logró igualar el marcador, pero la alegría duró poco. El partido se volvió frenético, con oportunidades para ambos lados. En la recta final, la Real parecía haber logrado la victoria con un tercer gol, solo para que el Oviedo respondiera inmediatamente y firmara el empate definitivo, dejando a la afición desilusionada.
El lehendakari Imanol Pradales expresó su frustración tras el encuentro, señalando que «es imperdonable no haber conseguido los tres puntos ante un rival que se encuentra en una situación tan delicada». Esta declaración subraya la presión que enfrenta la Real en su búsqueda por clasificaciones europeas, un objetivo que se complica tras cada empate no esperado.
La actuación arbitral también fue objeto de críticas, especialmente por decisiones que no parecen coherentes con el desarrollo del juego. El clima en la cancha se tornó tenso con cada decisión controvertida, lo que llevó a los jugadores a cuestionar la equidad del arbitraje. Con un VAR que no cumplió con su función en momentos cruciales, la frustración se palpaba en el ambiente.
La Real Sociedad, a pesar de no estar en su mejor forma, demostró resiliencia al lograr volver al partido tras un inicio desfavorable. No obstante, el resultado final refleja una falta de consistencia que podría costarles la oportunidad de alcanzar sus metas al final de la temporada. Con cinco puntos perdidos frente a un rival directo, la presión aumenta de cara a los próximos encuentros.
Es crucial para la Real retomar el rumbo y corregir los errores defensivos que han sido un patrón recurrente. La afición espera que su equipo pueda alzar el vuelo en los próximos partidos, mientras el club reflexiona sobre las decisiones estratégicas y tácticas que han llevado a esta situación.
El futuro inmediato requerirá un cambio radical en la actitud y el enfoque, especialmente cuando se enfrentan a equipos que también luchan por sus objetivos. La afición sigue siendo el pilar fundamental para la Real, y su apoyo podría ser la clave para revertir esta racha negativa. Con el próximo partido en el horizonte, la oportunidad de redimirse estará sobre la mesa.




























































































