El 21 de diciembre de 1996, dos amigos de Urretxu, Javi Areizaga y Pablo Gómez, emprendieron una aventura extraordinaria al caminar hasta Logroño, en lugar de optar por una salida más convencional a Donostia, como sería habitual en esa fecha. Su travesía, que abarcó 127 kilómetros, resultó ser un reto monumental que requirió casi 24 horas de esfuerzo continuo, dejando a un lado la comodidad de viajar en autobús.
Ambos son figuras reconocidas en su localidad; Areizaga es un apasionado de la montaña y ha estado involucrado durante años en la sección de montañismo de la sociedad deportiva Goierri. Por su parte, Gómez es un entusiasta del ciclismo, habiendo realizado notables rutas por la Península, aunque también disfruta de la montaña. En invierno, solía dejar su bicicleta para unirse a Areizaga en diversas expediciones montañesas, partiendo siempre desde su pueblo.
La travesía más desafiante que recordaron fue la que los llevó a Hendaia, pero la de Logroño se destacó por su extensión. El recorrido transcurrió por diversas localidades como Brinkola, Jabondo y Viana, antes de llegar a su destino final. La idea de caminar hasta la capital de La Rioja surgió de Gómez, quien, a pesar de las dudas de los demás sobre su capacidad para llevarla a cabo, se preparó meticulosamente. Estudió un mapa y trazó una línea recta que los guiara, además de visitar previamente algunos de los pueblos que se interponían en su camino para obtener indicaciones.
Elegieron el 21 de diciembre no solo por ser el primer día de invierno, sino porque coincidiría con la luna llena, lo que les proporcionaría luz natural durante la travesía. A pesar de llevar linternas, la presencia de la luna les fue de gran ayuda. En su equipamiento, también incluyeron walkie-talkies para mantenerse comunicados en el difícil recorrido.
La climatología no fue favorable, ya que las bajas temperaturas hicieron del viaje una experiencia aún más dura. En algunos puntos del trayecto, como en el alto de Iturrieta, el frío extremo llegó a ser de ocho grados bajo cero, y la nieve era una constante en las zonas más elevadas. A pesar de estas condiciones, salieron bien preparados, especialmente Gómez, quien se tomó un respiro antes de partir en la sociedad Zubi-Ondo, con un café y un trago de licor para calentar el cuerpo.
Sin embargo, ni el café ni los licores fueron suficientes para mantener a raya el frío que encontraron en el camino. Finalmente, a pesar de la fatiga acumulada y las adversidades, llegaron a Logroño, donde se alojaron en casa de un familiar de Areizaga. Al día siguiente, regresaron a Urretxu en tren, cerrando así un capítulo memorable en sus vidas.
Lo notable de esta historia es que Areizaga y Gómez realizaron todo el trayecto sin el apoyo de tecnología moderna; no contaban con teléfonos móviles ni GPS, y sus prendas eran muy diferentes a las actuales, lo que hizo que su hazaña resultara aún más impresionante. Este año, se cumple el 30 aniversario de su travesía, y planean regresar a Logroño, aunque esta vez lo harán en autobús, disfrutando de unos pintxos en la famosa calle Laurel y una buena comida en una bodega, recordando con nostalgia la aventura que emprendieron hace tres décadas.
































































































