Los croquis de escalada son una herramienta fundamental para muchos escaladores, pero su importancia suele pasar desapercibida para el público general. Esta es la premisa del documental «Harri, Orri, Arkatz», creado por Rafa Elorza, Eli Azurmendi y Juancar Sanz, que ha tenido una buena acogida en festivales de cine como los de Bilbao y Donostia. El filme forma parte de la programación del Mendi Tour, que se llevará a cabo en Tolosa durante el mes de marzo, aunque la fecha aún está por definir.
El proyecto comenzó en el Club Vasco de Camping (CVC), donde se organizaban diversas actividades relacionadas con la escalada. Elorza y Sanz, ambos miembros de la directiva del club y aficionados al dibujo, decidieron unir fuerzas con Azurmendi para crear una exposición que, poco a poco, fue acumulando participación y apoyo de otros artistas y escaladores. El documental es la evolución natural de esta iniciativa.
El título «Harri, Orri, Arkatz» hace referencia a la exposición y se traduce como «Piedra, papel, lápiz». Este juego de palabras en euskera simboliza los elementos esenciales del croquis de escalada, además de recordar que, a pesar de los retos que presenta la montaña, esta práctica siempre debe ser vista como un juego.
Un croquis de escalada se elabora cuando un escalador abre una nueva vía. Este tipo de representación es crucial para compartir la experiencia y facilitar que otros puedan repetir la ruta. Elorza explica: «Un croquis es un mapa que indica por dónde va la ruta, como un guía para un explorador».
Los creadores del documental sienten que es necesario seguir produciendo obras de este tipo. Según Elorza, «el croquis es una herramienta utilitaria que se seguirá utilizando mientras haya escaladores». A día de hoy, existen croquis digitales que, aunque pueden carecer de valor artístico, son de gran utilidad para quienes se inician en esta actividad.
En la actualidad, el interés en la escalada ha crecido notablemente, especialmente entre las generaciones jóvenes que empiezan a practicar en rocódromos. Elorza menciona que, tras más de 50 años escalando, la masificación de este deporte ha cambiado su dinámica y ha generado ciertos conflictos en áreas de escalada debido a la afluencia de personas.
El filme incluye la participación de varios invitados destacados, como el pintor Jesús Mari Lazcano y el catedrático Eduardo Martínez de Pizón. La narrativa está estructurada por el guion de Jon Herranz, quien ha sabido articular las historias de los escaladores y la evolución de los croquis, desde su uso práctico hasta su consideración como arte.
A lo largo del proceso de grabación, Elorza destaca el compromiso de Herranz y cómo su dirección fue clave para el desarrollo del proyecto: «Se implicó muchísimo, y eso hizo que el trabajo fluyera». Aunque no son cineastas profesionales, el equipo logró reunir un presupuesto significativo, gracias a varios patrocinadores, lo que permitió una producción de calidad.
Elorza también recuerda con cariño anécdotas de la grabación, como una escena en un campo de cereal donde, siguiendo una referencia cinematográfica, intentó emular una escena de «Gladiator». Esta experiencia refleja la conexión que el equipo ha desarrollado durante la realización del documental.
A lo largo de su vida, Elorza ha mantenido una profunda conexión con la montaña, aunque reconoce que ha aprendido a equilibrar su pasión con otras actividades. Al reflexionar sobre la evolución del deporte, menciona: «La masificación es un mal inevitable. Si reclamo mi derecho a disfrutar de la montaña, no puedo negárselo a otros».
Elorza observa que la forma de disfrutar de la escalada ha cambiado con el tiempo, y que la gente actual a menudo se preocupa más por el siguiente desafío que por apreciar el momento presente. «Hay poca reflexión placentera sobre lo que se está viviendo», señala, advirtiendo sobre la dificultad de conectar con el entorno en un mundo tan acelerado.
Finalmente, el documental también aborda la dualidad que representan las redes sociales en la promoción de la escalada. Aunque estas plataformas han facilitado la conexión con otros aficionados, también fomentan un consumo excesivo de experiencias, alejando a los escaladores de la apreciación genuina de la naturaleza. «Las redes tienen diferentes caras«, concluye Elorza, resaltando la importancia de encontrar un equilibrio entre compartir y disfrutar.































































































