Un reciente estudio realizado en la Universidad de Deusto ha revelado que los habitantes de Euskadi y Navarra poseen un sistema de valores y comportamientos éticos que los distingue de sus homólogos españoles y europeos. El informe titulado Cambio de valores en los inicios del siglo XXI en Euskadi y Navarra se basa en la línea de investigación del centro vinculado a la Encuesta Europea de Valores, y ha sido coordinado por el sociólogo Jon Leonardo.
Leonardo, que en 2009 publicó el libro Un individualismo placentero y protegido, ha dirigido este estudio con la colaboración de un equipo compuesto por 12 investigadoras. La obra se centra en analizar siete áreas clave que van desde el bienestar y la felicidad, hasta la familia, el trabajo, la participación cívica y la confianza en las instituciones. “Con esta publicación, elaborada en un tiempo récord de seis meses, recogemos el testigo de otras investigaciones sociológicas muy valiosas para entender cómo ha evolucionado la sociedad entrado el siglo XXI”, afirmó Leonardo.
La investigadora Arantxa Rodríguez fue la encargada de presentar las conclusiones del estudio, afirmando que “desde el principio intentábamos dar respuesta a si somos diferentes, y sí, lo somos”. Este análisis se realizó sobre tres grupos de “valores finalistas”, que representan actitudes variadas: algunas personas valoran más el disfrute y la sociabilidad, otras priorizan las normas y las ideologías, y un tercer grupo se centra en la tradición y la seguridad. Según Rodríguez, se ha detectado que en Euskadi todavía hay una fuerte asociación entre religión y política, mientras que en el resto de España esta conexión ha disminuido en la última década.
En comparación con los países nórdicos, las diferencias resultan aún más marcadas. Rodríguez explica que “allí se otorga una importancia mucho más homogénea que aquí a la familia, los amigos, el trabajo, la religión y la política”. Estos hallazgos reflejan una cultura democrática diferente, que influye en la percepción de los valores en la región, evidenciando cómo el contexto local moldea las prioridades de los ciudadanos.
La profesora Iciar Basterretxea, encargada de investigar el ámbito de la religión, subrayó que, a diferencia de la tendencia en Europa hacia una mayor pertenencia religiosa, la sociedad vasca, conocida por su tradición religiosa, ha experimentado una rápida secularización. Esta dualidad plantea interrogantes sobre la relación entre las creencias religiosas y las instituciones.
En el contexto familiar, la investigadora Raquel Royo destacó una paradoja: aunque ocho de cada diez encuestados se pronuncian a favor de la igualdad de roles entre hombres y mujeres, un 40% considera que los hijos en edad escolar sufren si la madre trabaja. Este fenómeno refleja la coexistencia de valores tradicionales y progresistas, lo que sugiere que persiste en el imaginario colectivo la idea de que la mujer es la principal responsable del hogar. Leonardo concluyó que “todo esto no es concluyente, pero proporciona hilos de los que tirar ante próximos estudios”.
Este estudio, que aporta una visión actualizada y detallada sobre los valores en Euskadi y Navarra, abre un camino para futuras investigaciones que profundicen en la comprensión de la identidad cultural y social de la región. Los hallazgos pueden resultar útiles no solo para académicos, sino también para responsables políticos y líderes comunitarios, al ofrecer una base sobre la que construir estrategias que respondan a las necesidades y preocupaciones de los ciudadanos.































































































