La angustia y la espera son palpables junto al Puesto de Mando Avanzado instalado frente al pantalán del club Santiagotarrak, donde se organizan las labores de rescate del varón desaparecido en el río Bidasoa. Desde que la Ertzaintza perdió de vista al hombre de Irun, han transcurrido ya 60 horas, y en la madrugada pasada se cumplieron 72 horas de su desaparición. Mientras tanto, una veintena de familiares y amigos se agolpan en el lugar, aferrándose a la esperanza de recuperar el cuerpo y poner fin a esta angustiosa espera.
Los familiares, la mayoría originarios de Irun, permanecen cerca del pretil, sintiendo que esa es la única manera de mostrar su apoyo a Maykel. «Sabemos que es poco probable que esté vivo, pero queremos que repose en paz», comentan en un grupo que se ha formado allí. La madre de Maykel no se encuentra con ellos debido a problemas de salud, mientras que su abuelo, que siempre ha sido una figura paternal, se ve obligado a esperar noticias desde casa, ya que el clima no es apto para su salud.
Las horas pasan lentamente, y los rescatistas de la Cruz Roja, la Ertzaintza y la Guardia Civil trabajan en el río, desde el amanecer hasta el anochecer. La familia se aferra a la esperanza de que Maykel sea encontrado, aunque ya son conscientes del destino que probablemente le espera. «¿Quién se lanzaría al río? Era imposible salir vivo de la corriente», reflexionan.
Las circunstancias de la desaparición
El amigo de 31 años que acompañaba a Maykel fue liberado con cargos en la medianoche del lunes después de ser sorprendido por la Ertzaintza mientras intentaban forzar una máquina de monedas en una gasolinera de Behobia. Este individuo enfrenta acusaciones por robo con fuerza y por posesión de sustancias prohibidas, ya que llevaba consigo 100 gramos de hachís.
Tras dialogar con el amigo liberado, la familia ha logrado reconstruir los acontecimientos de las últimas horas de Maykel. Salieron juntos de fiesta y, tras tomar un taxi hasta un local en Behobia, decidieron forzar la máquina en busca de monedas. Una mujer que los observó dio aviso a la policía, lo que llevó a varias patrullas al lugar. En medio de este caos, Maykel, al ver la presencia policial, se lanzó al agua en un intento de escapar.
La Ertzaintza alertó a la familia alrededor de las 7:00 de la mañana, indicándoles que existía un 90% de probabilidades de que el desaparecido fuera Maykel. Aunque el mensaje era desgarrador, la familia comenzó a procesar la situación. Un rayo de esperanza surgió cuando se dieron cuenta de que el teléfono móvil de Maykel había quedado en el taxi que los llevó a Behobia. El conductor devolvió el dispositivo más tarde en el local, pero la incertidumbre y el dolor persistían.
El operativo de búsqueda ha utilizado zódiacs y un dron, además de varios buzos del GEAS (Grupo Especial de Actividades Subacuáticas) de la Guardia Civil, aunque la fuerte corriente ha dificultado las inmersiones. «La Ertzaintza tiene un vídeo donde se ve cómo Maykel intenta nadar, pero se hunde. Nos dicen que lo mostrarán cuando aparezca el cuerpo», comentan los familiares, que siguen esperando con la esperanza de que su ser querido pueda ser localizado pronto.





























































































