El histórico político del PNV, Javier Atutxa, falleció el pasado miércoles a las 7:20 de la mañana a consecuencia de una enfermedad que lo mantenía hospitalizado. Atutxa, nacido en Getxo y con 75 años de edad, fue presidente del Bizkai Buru Batzar entre 1996 y 2000, un cargo que ocupó tras competir con Luis María Retolaza. En su lista, el actual lehendakari, Iñigo Urkullu, se situaba en segundo lugar y actuó como portavoz de la ejecutiva antes de suceder a Atutxa en el cargo en el año 2000.
El senador del PNV, Iñaki Anasagasti, destacó que Atutxa fue fundamental para facilitar un cambio generacional dentro del partido, ejemplificado en su hija, Itxaso Atutxa, quien ahora preside el PNV de Bizkaia. Anasagasti también subrayó su reputación de honradez y seriedad, afirmando que «no se puede contar la historia del PNV en los últimos años sin poner el nombre de Javier Atutxa con letras de oro». Su compromiso con los detalles durante las campañas electorales era notable; resolvía problemas como la caída de carteles o la falta de publicidad en zonas específicas.
En el año 2000, Atutxa continuó en la dirección del partido, esta vez por designación de la Asamblea Nacional, y participó en la nueva Comisión Permanente del PNV, destinada a agilizar la operatividad del partido. Su trayectoria política fue paralela a su carrera profesional como capitán de la Marina Mercante, una experiencia que compartía con sus compañeros mediante anécdotas de sus viajes. Tras su jubilación, trabajó en Bilbao en una empresa naviera, lo que le permitió mantener su independencia financiera sin depender de las arcas del partido.
El lehendakari Urkullu expresó su tristeza a través de su blog, donde elogió a Atutxa por su «honestidad, rectitud, honradez, lealtad y sinceridad». Destacó su firme rechazo a cualquier forma de violencia y su compromiso con los derechos humanos y los «valores humanistas». En su publicación, Urkullu recordó que intentó comunicarse con Atutxa el viernes anterior a su fallecimiento, aunque la emoción complicó la conversación, que finalmente no se realizó. «Le llamé, se puso al teléfono, pero por la misma razón no pudimos hablar», relató.
Urkullu, quien compartió «cientos de horas de trabajo y responsabilidades» con Atutxa, lo consideró un modelo a seguir para los miembros del partido, y enfatizó su legado en la construcción de un «modelo de país y de sociedad» basado en el respeto y el trabajo. La última despedida del lehendakari fue «Goian bego, Javier», junto con un agradecimiento en euskera: «Eskerrik asko». Urkullu interrumpirá sus vacaciones para asistir al funeral.
Por su parte, el líder del PP en el País Vasco, Antón Damborenea, también elogió el carácter «honesto y dialogante» de Atutxa, un rasgo que facilitó la consecución de acuerdos, como el pacto en el Ayuntamiento de Bilbao entre el PNV y el PP en 1995. La figura de Atutxa deja un legado significativo dentro del PNV y la política vasca, pues su trabajo a lo largo de los años ha sido fundamental en la historia reciente del partido y de la región.



























































































