La violinista Maite Larburu, originaria de Hernani y nacida en 1979, se ha convertido en una figura destacada dentro de la escena musical del País Vasco. Tras pasar 15 años en Ámsterdam, donde se integró en el ámbito de la música clásica antigua, decidió regresar a Euskal Herria en 2018. Su trayectoria ha tomado un rumbo inesperado, centrándose en la creación musical para las artes escénicas, así como en proyectos de pódcast y audiovisual. Larburu, que también se presenta como cantautora, combina elementos de tradición con matices contemporáneos, algo que se refleja en su tercer álbum en solitario, titulado Maizter, que fusiona folk íntimo con pop.
En una conversación reciente, Larburu compartió su perspectiva sobre la vida de un músico independiente. «A veces, sobre todo al principio, puede parecer un camino fácil», comentó entre risas. Sin embargo, a medida que uno avanza en la carrera, las dificultades se multiplican. «La independencia te brinda libertad, pero también trae consigo una gran responsabilidad. Te ves obligado a manejar todo, desde la burocracia hasta la composición y la interpretación», añadió.
Cuando se le preguntó sobre su percepción del éxito, Larburu citó a Leonard Cohen: «El éxito en la música es la supervivencia». Para ella, lo fundamental es poder existir en el mundo de la música y amar lo que se hace. «Hay que tener devoción por lo que se hace; de lo contrario, no tendría sentido», expresó, subrayando que la situación económica de los músicos varía enormemente.
Durante su trayectoria, ha experimentado un viaje significativo a Finlandia, donde formó parte del festival Womex de músicas del mundo en Tampere. «Nunca habíamos realizado un concierto internacional, y la experiencia fue muy gratificante», recordó Larburu, quien notó una «sensibilidad especial» hacia las lenguas minorizadas en ese país, lo que resonó con su propuesta artística. A pesar de la distancia, su deseo es seguir presentando su último trabajo, ya sea en formato trío o en solitario, en diferentes espacios de Euskal Herria.
Respecto a su regreso a Hernani, Larburu comentó que el cambio fue brusco, ya que no estaba planeado. «Mi estadía en Ámsterdam era temporal, pero tras 15 años, sentí que mi ciclo allí había concluido», explicó. Aunque echa de menos el circuito de música antigua europeo, se siente satisfecha de trabajar en su tierra. «Siempre que viajo a Europa, también extraño mis proyectos», añadió.
La artista reflexionó sobre el proceso de ser comercial sin perder la complejidad artística. «No sé si puedo responder a eso. La música que hago surge de una necesidad de buscar respuestas, no de agradar a las masas», afirmó. Aseguró que su creación en Maizter fue un intento de explorar diferentes sonoridades, empezando con un enfoque folk. «Grabé sonidos de la naturaleza y algunas piezas tienen un tratamiento sonoro binaural», detalló, describiendo el disco como un paseo sonoro.
El amor por el café también forma parte de su vida cotidiana. Larburu se mostró a favor del café de especialidad, aunque sin ser dogmática al respecto. «El café de cafetera italiana con cardamomo, como en Turquía, es mi favorito», reveló, disfrutando del proceso de moler el café en casa.
La carrera de Maite Larburu es un reflejo de la dedicación y la pasión por la música, enfrentando los retos que conlleva ser una artista independiente. Sus experiencias tanto en Euskal Herria como en el extranjero han enriquecido su visión musical, y su deseo de seguir explorando y creando promete aportar nuevas propuestas al panorama cultural del País Vasco.




























































































