Los Seattle Seahawks lograron un triunfo contundente en la Super Bowl LX, celebrada en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, el pasado 9 de febrero de 2026. Ante más de 100 millones de espectadores, la franquicia del Noroeste se impuso a los New England Patriots con un marcador de 29-13, demostrando su superioridad en un encuentro que, a pesar de las expectativas, terminó siendo un claro dominio por parte de los Halcones Marinos. Desde el inicio, su defensa se mostró sólida y efectiva, estableciendo el ritmo del partido.
La primera mitad del encuentro se destacó por una notable resistencia táctica, donde ambos equipos no lograron cruzar la zona de anotación. Seattle tomó la delantera gracias a cuatro goles de campo consecutivos de su kicker Jason Myers, quien estuvo a un paso de igualar el récord de cinco conversiones en un solo Super Bowl. Cada punto anotado fue un golpe anímico para los Patriots, que luchaban por encontrar respuestas ante el marcador que avanzaba sin piedad.
A medida que el partido avanzaba, la defensa de los Seahawks continuó brillando. El quarterback de los Patriots, Drake Maye, se enfrentó a una presión constante que imposibilitó su desempeño habitual. Jugadores como Devon Witherspoon y Uchenna Nwosu marcaron la diferencia, provocando pérdidas de balón y generando ‘sacks’ que dejaron a New England en una situación complicada. La falta de tiempo para tomar decisiones y la incesante presión afectaron gravemente su confianza.
En la segunda mitad, Seattle continuó con su estrategia controlada, priorizando la posesión del balón y desgastando físicamente a sus rivales. Fue en el último cuarto cuando finalmente los Patriots lograron anotar un touchdown, pero el marcador ya reflejaba un contundente 0-12 a su favor. A pesar de intentar recuperar terreno con algunas jugadas destacadas, el resultado final de 29-13 evidenció su incapacidad para competir en igualdad de condiciones durante la mayor parte del encuentro.
La estrella indiscutible de la noche fue el running back Kenneth Walker III, designado MVP del partido. Su habilidad para correr y su lectura del juego fueron vitales para el éxito de Seattle, acumulando más de 130 yardas y destacando en momentos clave. Su rendimiento no solo fue impresionante, sino que también simboliza el futuro prometedor de la franquicia.
Este triunfo representa el segundo título de Super Bowl en la historia de los Seahawks, que anteriormente había alcanzado la gloria en 2014. La victoria de este año no solo se trata de un trofeo, sino de una reafirmación del trabajo colectivo y la disciplina defensiva que han caracterizado a esta franquicia, mostrando que saben reinventarse sin perder su esencia.
Por otro lado, para los Patriots, esta derrota resulta amarga, dado que, a pesar de haber tenido una gran temporada y haber llegado a la final con méritos, no lograron hacerse notar efectivamente en el juego. Este resultado deja al equipo con un triste récord de seis finales perdidas en su historia, una realidad que les obliga a reevaluar su futuro y a hacer los ajustes necesarios para volver a la senda del éxito.
El partido no solo fue una muestra del alto nivel competitivo de la NFL, sino que también destacó un componente generacional. Seattle presentó un equipo joven y físico, mientras que Nueva Inglaterra se encuentra en un proceso de redefinición, lo que se tradujo en una diferencia de ritmo evidente en los momentos clave del encuentro.
Además, el espectáculo no se limitó al terreno de juego. El famoso artista Bad Bunny brilló durante el ‘halftime show’, subrayando la influencia y la creciente importancia de la cultura latina en Estados Unidos, lo que añadió un atractivo adicional a la velada deportiva.
































































































