El inspector Pelayo Gayol, conocido por su destacado papel en la lucha contra el terrorismo, tiene una trayectoria que se remonta a los años 90 en San Sebastián. Su carrera comenzó en 1995, cuando hizo su juramento como policía y fue destinado a la capital guipuzcoana. Durante cinco años, Gayol trabajó de manera anónima en equipos dedicados a la investigación de la banda terrorista ETA, una etapa que considera fundamental para forjar su carácter profesional.
En varias entrevistas, el inspector ha compartido que su experiencia en Gipuzkoa le enseñó lecciones de supervivencia, pues en aquellos tiempos el secreto y el anonimato eran esenciales. Destaca que, a diferencia de otros agentes que eran destinados de forma obligatoria, él optó por unirse a este grupo por voluntad propia, sintiéndose parte de un colectivo altamente motivado que deseaba estar en la primera línea de combate contra el terrorismo.
Uno de los momentos más impactantes de su carrera ocurrió en Hernani, donde fue testigo del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco. Gayol recuerda que, mientras se encontraba en un local tomando un descanso, la noticia del secuestro apareció en la televisión. Aquellas horas fueron de frenética tensión, mientras las fuerzas de seguridad intentaban localizar al concejal. Para Gayol, el sacrificio de Blanco marcó un antes y un después en la lucha contra ETA, ya que se convirtió en un símbolo de resistencia y unidad contra la violencia.
El inspector también ha vivido de cerca la crudeza del terrorismo en San Sebastián. Recuerda haber presenciado atentados en directo, como el asesinato del psicólogo de la prisión de Martutene, quien fue ejecutado en plena calle. Durante este ataque, Gayol y otros agentes de paisano se encontraban en un bar cercano y, tras presenciar la escena, se unieron a la persecución de los terroristas, culminando en la detención de uno de ellos. Este tipo de experiencias le han dejado una profunda huella, y ha expresado su incomprensión ante la imposición ideológica a través de la violencia.
La vida cotidiana de Gayol en Gipuzkoa estuvo marcada por estrictos protocolos de seguridad, que hoy podrían parecer excesivos, pero que eran la norma para él. Para proteger su salud mental, se acostumbró a realizar verificaciones constantes, como el chequeo de vehículos y la elección de asientos en los restaurantes que le permitieran tener una visión clara de las entradas. Aunque considera que estas costumbres podrían parecer fruto de la paranoia, afirma que eran esenciales para su supervivencia. Aún hoy, reconoce que conserva ciertos «tics» de aquella época que afectan su vida diaria.
A pesar de que ETA ya no representa una amenaza, Gayol advierte sobre el peligro del olvido. Manifiesta su preocupación por cómo ciertos eventos pueden ser fácilmente relegados a la memoria colectiva una vez que dejan de ser actuales. Para él, la desactivación de una organización criminal no debería llevar a la falta de reflexión crítica, y atribuye el final de ETA a los arduos esfuerzos de los profesionales de la seguridad, que trabajaron incansablemente para desmantelar su aparato económico.
Después de su experiencia en el País Vasco, Gayol se unió al Grupo Especial de Operaciones (GEO) en 1999, donde participó en destacadas intervenciones, incluyendo las relacionadas con los atentados del 11-M. Su popularidad aumentó gracias a la docuserie «G.E.O. Más allá del límite» en Amazon Prime Video, donde se le ve como instructor jefe. Recientemente, ha vuelto a la pantalla con «Pelayo. Más allá del límite», donde examina la lucha contra el narcotráfico en países como Colombia.
La trayectoria de Pelayo Gayol no solo refleja un compromiso con la seguridad, sino también un profundo deseo de mantener viva la memoria de los acontecimientos que han marcado a Euskadi. Su figura se ha convertido en un referente que, a través de su experiencia y reflexiones, invita a la sociedad a no olvidar el pasado y valorar la paz alcanzada tras años de sufrimiento.



























































































