El pasado sábado, una manifestación en Milán contra los Juegos Olímpicos de Invierno vivió momentos de alta tensión, con enfrentamientos entre los asistentes y las fuerzas del orden. Este evento, convocado por el ‘Comité Olimpiadas Insostenibles’, reunió a unas 5.000 personas que se oponen a la celebración del evento.
Los disturbios se desataron cerca de la plaza de Corvetto, donde un grupo de manifestantes intentó atravesar un cordón policial para acceder a las vías rápidas, lo que llevó a una respuesta contundente por parte de los antidisturbios. Estos agentes utilizaron cargas, agua a presión y gases lacrimógenos para dispersar a la multitud, mientras algunos de los asistentes, encapuchados, lanzaban objetos como piedras y petardos en señal de protesta.
Como resultado de estos choques, cinco personas fueron detenidas y trasladadas a comisaría, según informaron medios locales. La manifestación se realizó en un recorrido diseñado para evitar las zonas olímpicas, atravesando barrios como Porta Romana y Corvetto. Durante la marcha, se pudo observar una pancarta con el lema «Reconquistemos las ciudades, liberemos las montañas», así como manifestantes que portaban árboles de cartón, simbolizando su rechazo a la deforestación por la construcción de pistas de esquí.
Otro de los motivos de la protesta fue la presencia de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, que acompañaban a la delegación estadounidense, en un contexto que ha suscitado inquietud por las recientes redadas en Minneapolis.
Esta manifestación se produce justo un día después de la inauguración de los 25.º Juegos Olímpicos de Invierno en Milán y Cortina, un evento que cuenta con la participación de atletas de 93 países. La situación se torna más compleja ante las recientes medidas de seguridad implementadas por el Gobierno de Giorgia Meloni, que han permitido la retención preventiva de individuos considerados de riesgo en caso de altercados.
Los organizadores de la protesta han expresado su preocupación por el impacto ambiental y social que acarrean grandes eventos deportivos como este, argumentando que generan no solo problemas estructurales en las ciudades, sino también un aumento de la violencia y la represión. A medida que avanza la serie de competiciones, las expectativas sobre futuras movilizaciones continúan creciendo, reflejando un descontento generalizado que podría tener implicaciones en la gestión de eventos deportivos a gran escala.

























































































