Un grupo de paseantes en la playa de La Concha, en Donostia, se encontró con una inesperada visitante este viernes alrededor de las 10.30 horas. Se trataba de una foca joven de aproximadamente un metro de longitud que parecía ajena al bullicio que la rodeaba. Este tipo de avistamientos no son inusuales en la costa guipuzcoana durante los meses de invierno, especialmente entre diciembre y marzo. Generalmente, son ejemplares jóvenes provenientes de las islas británicas o de la costa atlántica francesa que llegan a la costa en busca de refugio.
El animal fue visto descansando bajo el sol cerca de la primera rampa de la playa, lo que generó la curiosidad de numerosos turistas y residentes. Muchos de ellos no perdieron la oportunidad de capturar el momento en vídeos y fotografías. Algunos se preguntaban si era necesario intervenir para ayudar al mamífero a regresar al agua. Ante esto, el personal de la Diputación que se desplazó al lugar informó que la foca se encontraba «bien de salud pero cansada». Su recomendación fue clara: «Lo mejor que se puede hacer es dejarle tranquilo hasta que la marea suba y pueda marcharse».
La llegada de este ejemplar a la costa podría estar estrechamente relacionada con los últimos temporales que han afectado a la zona. Según fuentes del Aquarium de San Sebastián, «el mar se enturbia y resulta más difícil para las focas encontrar comida, por lo que se acercan a las zonas de la costa en busca de amparo». Así, los jóvenes mamíferos, cansados y desorientados, buscan refugio en las playas guipuzcoanas.
A pesar de la atracción que despiertan, los expertos advierten sobre la importancia de mantener la distancia. Aunque por su apariencia puedan parecer inofensivos, señalan que pueden volverse agresivos y que sus mordeduras son peligrosas. Este tipo de animales son conocidos en euskera como itsas txakurrak, lo que subraya el respeto que se debe mantener hacia ellos.
En contextos similares, es común que estos avistamientos generen una mezcla de fascinación y preocupación. La intervención humana en estos casos puede ser contraproducente. «Solo necesitan paz y espacio para descansar», enfatizan los especialistas, sugiriendo que lo más apropiado es observar desde una distancia segura para no alterar su comportamiento natural.
Este suceso pone de manifiesto la interconexión entre el bienestar animal y las condiciones ambientales en la costa de Gipuzkoa. La presencia de focas jóvenes durante los meses de invierno es un recordatorio de los desafíos que enfrentan estas especies, especialmente en un contexto de cambio climático y alteración de sus hábitats naturales. La comunidad local tiene la responsabilidad de proteger y respetar a estos animales, que son una parte integral de la biodiversidad marina de la región.
Así, mientras los donostiarras y turistas disfrutan de la belleza de la playa de La Concha, es fundamental recordar que están en un ecosistema compartido con otras formas de vida, como las focas que, aunque ocasionalmente aparezcan en situaciones inesperadas, forman parte del entorno natural que todos valoran y disfrutan. Con el tiempo, las mareas volverán a su cauce y estos jóvenes mamíferos podrán continuar su viaje, pero es esencial que la sociedad se mantenga informada y respetuosa con la fauna local.






























































































