El Gobierno Vasco ha decidido bloquear un proyecto de construcción de un parque eólico en Bizkaia, argumentando que su desarrollo sería incompatible con la protección de la biodiversidad en la región. Este veto, publicado en el Boletín Oficial del País Vasco, afecta específicamente al parque eólico conocido como Iparaixe II, que estaba proyectado para ubicarse en los municipios de Barakaldo y Trapagaran.
La administración autonómica ha denegado la autorización administrativa previa necesaria para llevar a cabo este proyecto debido a la falta de una evaluación ambiental favorable. Este hecho se basa en la existencia de una colonia de alimoches, aves protegidas bajo legislación vigente, que se verían afectadas de manera grave por la instalación de cinco aerogeneradores previstos en el proyecto.
El informe de la Dirección de Medio Ambiente de la Diputación Foral de Bizkaia subraya la incompatibilidad del parque eólico con la conservación de la biodiversidad en la zona. Según este análisis, el impacto previsto sobre la colonia de alimoches sería “directo e inasumible”, lo que ha llevado a concluir que el proyecto tendría un “impacto crítico y no corregible” sobre estas aves. La instalación contemplaba una potencia bruta instalada de 21 MW, pero las implicaciones ambientales han prevalecido sobre las consideraciones energéticas.
Este veto se suma a otro ocurrido recientemente, donde el Gobierno Vasco también detuvo la construcción de un parque eólico en varias localidades alavesas, incluido Elburgo y Barrundia. En ese caso, las autoridades consideraron que el proyecto era “ambientalmente inviable”, reforzando así su compromiso con la planificación sostenible en el ámbito de las energías renovables.
La decisión del Gobierno Vasco de vetar el parque eólico Iparaixe II refleja un cambio en la manera de abordar la relación entre las energías renovables y la conservación del medio ambiente. Las administraciones están empezando a priorizar el respeto por la biodiversidad y la sostenibilidad en la toma de decisiones, un aspecto que ha cobrado relevancia en el contexto actual de transición energética.
La creciente preocupación por el impacto de los proyectos de energía renovable sobre la fauna y flora locales ha llevado a una revisión más exhaustiva de las evaluaciones ambientales. De este modo, el Gobierno Vasco busca asegurar que el desarrollo de infraestructuras no comprometa la riqueza natural de la región.
Es importante resaltar que, aunque la transición hacia fuentes de energía más limpias es esencial para combatir el cambio climático, esta debe realizarse de manera equilibrada, evitando daños irreparables a los ecosistemas. La implicación de organismos como la Diputación Foral en la evaluación de estos proyectos es crucial para garantizar que se respeten los estándares ambientales establecidos.
El veto del parque Iparaixe II podría servir como un precedente para futuros proyectos similares en la comunidad autónoma, destacando la importancia de la evaluación ambiental en la planificación de las energías renovables. La protección de especies como el alimoches, que ya enfrentan amenazas por la pérdida de hábitat y otros factores, debe ser una prioridad en el desarrollo de cualquier iniciativa que pueda alterar su entorno.
La respuesta a esta situación por parte de las empresas del sector de las energías renovables será clave para determinar cómo se llevarán a cabo futuras inversiones en la región. La adaptación a las nuevas exigencias ambientales podría ser un reto, pero también una oportunidad para innovar en el desarrollo de tecnologías que respeten el entorno natural.
En conclusión, el veto a este parque eólico subraya la necesidad de una planificación más integral que contemple tanto el avance hacia energías sostenibles como la protección de la biodiversidad. Este enfoque será esencial para lograr un equilibrio entre el desarrollo económico y la conservación del medio ambiente.






























































































