La situación económica y social en el País Vasco ha llevado a un aumento notable de la conflictividad laboral, reflejada en manifestaciones y huelgas. Distintas organizaciones sociales han convocado una protesta en Bilbao para el próximo 20 de enero, en apoyo a una huelga general organizada por los sindicatos ELA y LAB. Esta movilización surge en un contexto marcado por la creciente pobreza y la falta de esperanza entre los trabajadores, autónomos y pequeños empresarios, quienes sienten que las políticas de austeridad impuestas por la Unión Europea están teniendo un impacto severo en sus vidas.
El aumento de la precariedad ha desplazado a un número creciente de vascos al umbral de la pobreza, afectando incluso a las clases medias. La falta de perspectivas frente a la crisis actual ha generado un clima de desconcierto y descontento generalizado entre la población, que se manifiesta en la urgencia de un cambio en las políticas gubernamentales. Todos los sindicatos coinciden en este diagnóstico, aunque en la práctica, cada uno propone soluciones diferentes, lo que complica la posibilidad de alcanzar un consenso.
A pesar de que ELA y LAB han convocado esta huelga, otros sindicatos como UGT y CC OO han decidido no secundarla. Estos últimos también critican la carga tributaria que soportan los trabajadores en comparación con las grandes empresas, las cuales, según el Observatorio Español de Responsabilidad Social Corporativa, han aumentado su número en paraísos fiscales, alcanzando un alarmante 94% de las sociedades del IBEX 35, según datos de 2011.
La situación es aún más alarmante si se considera que desde el inicio de la crisis, más de 7.087 empresas han cerrado en el País Vasco, lo que ha llevado a una notable pérdida de empleo. La patronal vasca, liderada por el presidente de Confebask, Miguel Ángel Lujua, sostiene que la huelga no solo interfiere en los acuerdos sociales, sino que también puede resultar contraproducente para el mantenimiento del empleo.
La profesora de Economía de la UPV, Arantza Ugidos, ha expresado su indignación ante la incapacidad de los sindicatos para unirse frente a un Gobierno central que ignora las protestas en materias laborales, de vivienda y educativas. En su opinión, la efectividad de las acciones sindicales depende de la unidad y de un enfoque claro frente a un contexto político que presenta grandes desafíos.
Para Felipe Serrano, catedrático de Economía Aplicada de la UPV, el reto radica en cómo gestionar la fuerza de la movilización. Critica que algunos sindicatos, al no participar en el diálogo social, se encuentran en una posición débil para plantear propuestas concretas que puedan introducir cambios en la política económica. Serrano también advierte sobre el riesgo de que, tras ocho huelgas generales en los últimos años, el concepto mismo de huelga haya perdido su efectividad y significado político.
La convocatoria de la huelga general para el 20 de enero será la octava en Euskadi desde 2009, y refleja una situación cada vez más tensa en las relaciones laborales y políticas de la comunidad. Si bien ELA y LAB han liderado varias de estas movilizaciones, otros sindicatos también han participado en fechas anteriores, aunque de manera segmentada. Esto evidencia la necesidad de encontrar soluciones unificadas ante un panorama laboral incierto y complicado.
La creciente preocupación por el futuro del empleo y la economía en Euskadi exige un replanteamiento de las políticas tanto por parte del Gobierno Vasco como por las organizaciones empresariales. A medida que se acercan las fechas de movilización, la presión sobre el ejecutivo y los agentes sociales aumentará, planteando un escenario donde la búsqueda de acuerdos y soluciones efectivas se convierte en una necesidad imperiosa para la recuperación social y económica de la región.





























































































