El servicio de autobuses en Gipuzkoa ha vuelto a ser objeto de críticas, especialmente en lo que respecta a la línea BU, que parece no satisfacer las necesidades de los ciudadanos. Usuarios de localidades como Astigarraga, Hernani y Urnieta han expresado su descontento con la frecuencia de los autobuses, que en algunos casos es notablemente inferior a la de otras áreas, como en Lasarte, donde los autobuses nocturnos circulan cada 30 minutos.
Durante la temporada de sidrerías, la Diputación ha informado que se implementan refuerzos en los servicios de transporte. Sin embargo, muchos guipuzcoanos consideran que estas mejoras son casi imperceptibles. Este descontento es más palpable en los días festivos y durante eventos significativos, como la víspera de San Sebastián, donde Lasarte también cuenta con servicio regular de Euskotren con la misma frecuencia. En cambio, la línea BU40 mantiene su horario de un autobús cada hora, lo que ha suscitado preguntas sobre la equidad en el servicio.
La percepción de desigualdad en la calidad del transporte público es un tema recurrente en la conversación pública. A pesar de que la demanda de transporte aumenta considerablemente durante la temporada de sidrerías, la respuesta por parte del servicio de autobuses parece no ser proporcional. Los ciudadanos han señalado que esta diferencia en la frecuencia no se justifica únicamente por el número de habitantes, sino que es una cuestión que afecta a la movilidad nocturna de los usuarios en estas localidades.
En este contexto, la línea nocturna del bus ha sido criticada por su diseño. Muchos usuarios opinan que, debido a la cantidad de paradas en zonas como Loiola y Martutene, el tiempo de trayecto hacia Urnieta puede extenderse hasta cerca de una hora. Esta situación resulta poco práctica para aquellos cuyo objetivo es regresar a casa después de una noche fuera, lo que acentúa la sensación de que existen ciudadanos de diferentes categorías en términos de acceso al transporte público.
A modo de referencia, antes de 2021, cuando aún no se había introducido la línea BU, existían autobuses nocturnos con una frecuencia mucho más favorable, que llegaban a cada 30 minutos durante los fines de semana. Esto indica que la actual situación no es irreversible y que se podría volver a un modelo de servicio más eficiente, adaptado a las necesidades de la población. Sin embargo, los usuarios continúan esperando una respuesta clara y qué medidas se tomarán para mejorar la situación actual.
La controversia en torno al servicio de autobuses en Gipuzkoa refleja un problema más amplio sobre la equidad en el transporte público. Las diferencias en frecuencia y calidad de servicio entre localidades generan un debate sobre la necesidad de una revisión y posible reestructuración del sistema de transporte, que garantice un acceso más justo para todos los ciudadanos. La situación actual invita a reflexionar sobre cómo mejorar la movilidad en una región donde el transporte público es esencial para su desarrollo social y económico.




























































































