Durante el pleno de Política General del Parlamento Vasco, el lehendakari Iñigo Urkullu generó reacciones diversas al referirse a Euskadi como una «nación foral». Este concepto, que resuena por su novedad en el discurso político vasco, surgió en el contexto de una discusión sobre el autogobierno y el incumplimiento del Estatuto de Gernika. La declaración buscaba enfatizar la necesidad de ampliar los poderes del País Vasco, un tema que ha sido recurrente en la agenda política.
Urkullu aprovechó su intervención para aclarar el significado de «nación foral», señalando que se trata de una nación fundamentada en derechos históricos que no dependen de la Constitución española. Recordó que, según la Disposición Adicional Única del Estatuto de Gernika, la aceptación por parte de Euskadi de formar parte del actual régimen autonómico no implica una renuncia a los derechos que le corresponden históricamente.
El lehendakari destacó que, a pesar de integrarse como comunidad autónoma en España, los vascos «nunca han renunciado a sus libertades y derechos». En su discurso, también hizo referencia a la Disposición Adicional Primera de la Constitución Española, subrayando el compromiso de la comunidad con la preservación de sus derechos históricos.
En un análisis más detallado, Urkullu definió la nación foral como un modelo que promueve el respeto a la pluralidad a través de un sistema institucional cooperativo y participativo. Destacó que este enfoque se basa en una democracia «consorcional», alineándose con las democracias más avanzadas de Europa y fomentando una gobernanza horizontal y multinivel. Se refirió al Tratado de Lisboa para respaldar su argumento sobre la importancia de la subsidiariedad en este contexto.
El objetivo de estas explicaciones era fortalecer la argumentación a favor de un mayor autogobierno para Euskadi. Urkullu mencionó la necesidad de recuperar el espíritu del pacto estatutario y el cumplimiento de los derechos históricos, tal como se recoge en el Estatuto de Gernika y en la Constitución Española. El lehendakari aboga por la aprobación de un nuevo estatus político vasco, aunque advirtió que este proceso debería diferir del modelo seguido por Cataluña, que hace 35 años optó por un sistema de autogobierno diferente al del País Vasco.
«Los catalanes apostaron por un modelo de autogobierno y Euskadi por otro basado en los derechos de los territorios forales», dijo Urkullu, aludiendo a las diferencias en las decisiones tomadas en 1978 y 1979. A pesar de los retos de recentralización que han enfrentado ambas comunidades, el lehendakari destacó que las circunstancias actuales son distintas.
En su intervención, también hizo hincapié en la importancia de que la sociedad catalana se exprese «este domingo en libertad», reafirmando que, tras la jornada electoral, será esencial el diálogo y la negociación para abordar un problema que califica como «netamente político». Esta llamada al diálogo refleja una apertura hacia un proceso que podría influir en la relación entre Euskadi y el Estado español.
Este discurso del Gobierno Vasco y de su líder marca un punto crucial en la búsqueda de mayores cotas de autonomía, un tema que ha sido motivo de debate durante años en el ámbito político. La idea de nación foral presenta un desafío y una oportunidad para redefinir el autogobierno en Euskadi, ya que plantea la necesidad de un entendimiento más profundo sobre los derechos históricos y la identidad del pueblo vasco.





























































































