La Real Sociedad empató 1-1 contra el Athletic Club en un partido disputado en San Mamés que dejó un sabor agridulce en los aficionados blanquiazules. A pesar de dominar gran parte del juego y de generar varias ocasiones claras, el equipo de Matarazzo vio cómo se le escapaban dos puntos cruciales en la última parte del encuentro. El primer tiempo mostró a una Real que intentaba controlar el juego, pero los leones no facilitaron la tarea, presionando intensamente y buscando recuperar el balón en posiciones adelantadas.
A los cuatro minutos, la Real tuvo su primera gran oportunidad cuando Guedes dejó a Pablo Marín en una posición idónea, pero su tiro fue detenido por Unai Simón. El conjunto donostiarra continuó generando peligro, especialmente con un cabezazo de Jon Martín que fue desviado de manera espectacular por el portero del Athletic. A medida que avanzaba la primera mitad, la Real se hizo con el control del balón, aunque sin lograr concretar sus oportunidades en el marcador.
El Athletic, por su parte, intentó resurgir tras el descanso, pero no pudo traducir su esfuerzo en goles. La defensa de la Real, a pesar de no ser la más sólida de la liga, mantuvo a raya los intentos de los locales. Sin embargo, el punto de inflexión llegó con la expulsión de Brais Méndez tras una acción discutible. El árbitro, Cuadra Fernández, tomó una decisión que muchos consideraron exagerada, lo que cambió el rumbo del partido en un momento crucial.
Con un jugador menos, la Real se replegó en defensa, lo que permitió al Athletic aumentar su presión. A pesar de las dificultades, los blanquiazules tuvieron una oportunidad clara con Oyarzabal, quien, tras una gran jugada individual, falló ante la portería. La insistencia del Athletic dio frutos en el minuto 87, cuando Galarreta logró igualar el marcador después de una buena jugada, lo que dejó a la Real con una sensación de frustración al haber dejado escapar una victoria que parecía casi asegurada.
El conflicto no solo residió en el resultado, sino también en el rendimiento de los colegiados, que fueron cuestionados por su actuación a lo largo del encuentro. La Diputación Foral de Gipuzkoa podría verse afectada por el clima de descontento que genera este tipo de decisiones arbitrales en un derbi tan significativo para ambas aficiones. Los seguidores de la Real expresaron su malestar por la forma en que se gestionó el partido, especialmente la decisión que llevó a la expulsión de Brais.
Este empate deja a la Real con un punto de amargura, especialmente considerando las oportunidades desaprovechadas y la forma en que se desarrolló el partido. Matarazzo, quien se encontraba en su primera visita a San Mamés como técnico, podría reflexionar sobre la importancia de mantener la calma ante situaciones adversas y aprender de los errores cometidos durante el partido. La frustración y el malestar se sintieron en el aire, y la necesidad de convertir las ocasiones en goles se vuelve cada vez más apremiante.
La próxima jornada será crucial para la Real, que debe aprender a gestionar mejor los momentos clave en el partido y a mantener su ventaja cuando las circunstancias lo permiten. El equipo necesita enfocarse en su juego y seguir mejorando para afrontar los desafíos venideros con mayor determinación y eficacia. La afición espera que el equipo pueda retomar la senda de la victoria y demostrar que tiene lo necesario para competir en la parte alta de la tabla.





























































































