El pasado 5 de agosto, Hicham Badraoui, un joven originario de Casablanca, se encontraba en las escaleras del Náutico de San Sebastián cuando, en un momento de tranquilidad, se dio cuenta de que algo no estaba bien en el agua. Observando desde sus auriculares y disfrutando de las vistas de la bahía de La Concha, su instinto de socorrista se activó al notar a una persona flotando boca abajo y sin señales de movimiento.
“Al principio pensé que estaba entrenando la respiración, intentando aguantar lo máximo posible”, relató Hicham tres semanas después desde el mismo lugar. Sin embargo, tras varios segundos de observación y al notar la preocupación de una mujer a su lado, decidió que era hora de actuar. “Salté al agua para intentar rescatarle”, comentó.
El joven se adentró en el mar, llegando a la persona que yacía a unos 30 metros de la costa. Este punto es difícil de avistar desde el primer puesto de socorristas en la playa de La Concha. Hicham, que había trabajado como socorrista durante 16 años en Marruecos, se lanzó al agua y, tras un esfuerzo combinado con otro joven que llegó al mismo tiempo, lograron girar al chico para ponerlo boca arriba. Ambos notaron que salía espuma de su boca, lo que incrementó la urgencia de la situación.
“Saqué al chico del agua, no respiraba y no estaba consciente”, explicó Hicham. En ese momento, comenzó a realizar maniobras de reanimación en los bajos del Náutico. “Hice las dos insuflaciones y 30 compresiones unas cinco veces. Continué hasta que llegó la ambulancia”, detalló. Al concluir, pudo entregar al joven a los servicios de emergencia, quien fue trasladado con un “pronóstico reservado”.
Esta situación fue especialmente significativa para Hicham, quien llegó a España tras una travesía en patera. “Decidí emigrar porque Marruecos ha empeorado mucho. No hay renovación y la vida en mi ciudad parecía una postal antigua”, confesó. Hicham se unió a una patera que partió el 13 de junio con 54 personas, enfrentándose a un viaje lleno de sufrimiento y dificultades.
Desde que llegó a San Sebastián, Hicham ha enfrentado la dura realidad de vivir en la calle. “Duermo en una tienda de campaña en un lugar que prefiero mantener en secreto”, comentó. Con el deseo de obtener el permiso de residencia, Hicham ha encontrado en el centro de día Villa Salia de Egia un apoyo fundamental para su día a día, donde puede ducharse y lavar su ropa.
A pesar de las dificultades, Hicham destaca la amabilidad de los voluntarios que le proporcionan comida. “Kaleko Afari Solidarioak es un lugar donde tengo garantizado un plato caliente. Son como mi segunda familia”, enfatizó. Sin embargo, su situación lo ha llevado a reflexionar sobre su vida y su futuro, lejos de su hogar y su familia.
“No me imaginaba estar así. No tenía planes de salir de Marruecos, pero la situación se volvió insostenible”, relató. Hicham también ha sido testigo de la diversidad de comportamientos en la calle, reflexionando sobre la educación y la necesidad de un cambio en la sociedad. “Hay personas buenas y malas en todas partes. La educación es clave”, afirmó.
Por ahora, Hicham espera noticias sobre la salud del joven que rescató, mostrando preocupación y un deseo sincero de que esté bien. “Ojalá siga vivo. Sería un milagro, porque es el caso más grave que he tratado en mi vida”, concluyó, evidenciando no solo su profesionalismo como socorrista, sino también su humanidad y empatía hacia los demás.
En un entorno social que a menudo se encuentra marcado por tensiones y conflictos, la historia de Hicham Badraoui resalta la importancia de la solidaridad y el apoyo mutuo, elementos que son esenciales para construir una sociedad más comprensiva y empática.





























































































