El Gobierno Vasco ha tomado medidas en relación a la administración de vacunas caducadas tras la detección de dos nuevos tipos de estas dosis. Según ha informado el consejero Alberto Martínez, se ha identificado que estas nuevas vacunas habrían afectado a 78 personas potencialmente. Este anuncio se produce tras el reconocimiento de que un total de 262 dosis caducadas fueron administradas a 253 individuos, siendo en su mayoría bebés.
La situación ha llevado a la Fiscalía Superior del País Vasco a iniciar diligencias de investigación con el fin de esclarecer si hubo un delito contra la salud pública en la gestión de las vacunas por parte del Servicio Vasco de Salud-Osakidetza. Fuentes de la Fiscalía han confirmado que esta indagatoria buscará determinar la existencia de responsabilidades legales tras el reconocimiento por parte de Osakidetza.
Para abordar el problema, el Departamento de Salud ha anunciado que se procederá a la revacunación de 103 personas afectadas. Inicialmente, el Consejo Asesor de Vacunas de Euskadi había aconsejado vacunar nuevamente a todas las personas afectadas. Sin embargo, esta recomendación fue reconsiderada después de que el Gobierno Vasco recibiera un informe de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) que sugería que solo los adultos deberían ser revacunados.
La decisión de no revacunar a todos los afectados se basa en el hecho de que muchos de los bebés que recibieron las dosis lo hicieron cuando las vacunas aún estaban dentro de su periodo de validez. Además, se ha determinado que el resto de las dosis se administraron poco después de la caducidad, lo que garantiza que la inmunidad de los pequeños se ha mantenido.
Este incidente ha generado un amplio debate sobre la gestión de la salud pública en el País Vasco, y pone de manifiesto la importancia de seguir protocolos estrictos en la administración de vacunas. La revisión de las prácticas de Osakidetza es fundamental para restaurar la confianza de la población en el sistema sanitario. La situación actual también resalta la necesidad de una comunicación clara entre las autoridades sanitarias y los ciudadanos, especialmente en temas tan sensibles como la vacunación.
A medida que avanza la investigación, se espera que surjan más detalles sobre cómo se gestionó la situación y qué medidas se implementarán para evitar que incidentes similares ocurran en el futuro. La transparencia en este proceso será clave para asegurar que la confianza de la ciudadanía en la salud pública no se vea afectada a largo plazo.




























































































