El salón de plenos de Getxo, en Bizkaia, se encuentra adornado con una placa en honor a José Antonio Agirre, el primer lehendakari del Gobierno Vasco. Este homenaje, que resalta su dedicación a la defensa de la democracia, cobra especial relevancia en una sesión marcada por la tensión política. Este jueves, la alcaldesa, Amaia Agirre, se enfrentó a una de las jornadas más desafiantes de su carrera, ya que la oposición unida solicitó su dimisión en respuesta a un grave escándalo relacionado con el derribo de un edificio protegido.
Los grupos de la oposición, que abarcan desde el Partido Popular hasta Elkarrekin Podemos y EH Bildu, han aprobado una moción que pide la renuncia de Agirre, tras la imputación y posterior dimisión de tres concejales del equipo de gobierno por presuntos delitos de prevaricación. Esta situación ha generado un consenso inusual entre formaciones políticas que, en otros contextos, suelen ser adversarias.
El protagonismo de la moción recayó en el concejal de la coalición vinculada a Podemos, Xabier Benito, quien presentó la propuesta de forma urgente. Benito argumentó que si la alcaldesa no dimite, el bloqueo institucional persistirá, afectando a áreas sin liderazgo y a la aprobación de presupuestos. “No se asumirán responsabilidades políticas tras más de un año de inacción ante lo que consideramos el mayor caso de corrupción vivido en este Ayuntamiento”, afirmó al finalizar la sesión.
Durante la misma sesión, la bancada del Partido Popular subrayó su apoyo a la moción, aunque su propia propuesta inicial no prosperó debido a los votos en contra de Bildu. El portavoz de los populares, Eduardo Andrade, expresó que la alcaldesa ha perdido el respaldo del pleno que la eligió, sugiriendo que debe dejar su cargo. “A partir de hoy no tiene nada que hacer en este pueblo”, afirmó, añadiendo que es probable que el PNV designe un nuevo candidato para la alcaldía.
El caso del palacete derribado ha cambiado drásticamente las alianzas políticas dentro del Ayuntamiento. Andrade, cuyo partido había sido un aliado clave del Gobierno de Agirre, expresó que los apoyos necesarios para aprobar los presupuestos de este año han desaparecido. Este cambio de dinámicas complicará la búsqueda de acuerdos en el futuro.
Por su parte, Bildu ha mostrado su apoyo a la moción, pero ha añadido que el problema no radica únicamente en la alcaldesa. Su portavoz, Mikel Bildosola, criticó la gestión del PNV, señalando que ha rechazado propuestas clave, incluidas auditorías y acciones judiciales que podrían haber aclarado la situación. Aunque la moción de Bildu no fue aprobada, la voz de la coalición se mantiene en el debate político.
A pesar de la presión ejercida por la oposición, la alcaldesa Agirre se mantiene firme en su puesto, argumentando que las peticiones de dimisión son parte de un “akelarre político” diseñado para desacreditar su figura. En su intervención durante el pleno, expresó su compromiso de garantizar la estabilidad institucional, aunque la mayoría de la cámara ha dejado claro su falta de apoyo.
La portavoz del PNV, Janire Ocio, respaldó a la alcaldesa, mientras que el público asistente, compuesto por militantes y exalcaldes, mostró gran interés por la sesión. En medio de este ambiente tenso, se planteó la posibilidad de que la oposición intentara llevar a cabo una moción de censura, una opción compleja debido a la falta de un candidato alternativo consensuado.
Desde el PSE-EE, la vicealcaldesa Carmen Díaz argumentó que la renuncia de Agirre no aportaría claridad a la situación y podría provocar una paralización mayor en un momento crítico. Su postura afirma la unión dentro del gobierno, que ha votado en bloque contra las iniciativas de la oposición, destacando el carácter “oportunista” de las propuestas presentadas.Unai Ahedo, analista político, también ha señalado que las dinámicas electorales en Getxo están cambiando, sugiriendo que el PNV podría enfrentar un impacto negativo en las próximas elecciones debido a este escándalo.
El futuro político de Getxo se presenta incierto, con la posibilidad de que la situación actual afecte la confianza del electorado. A medida que se desarrollan los acontecimientos, el desenlace de esta crisis podría tener repercusiones más allá del ámbito local, afectando las dinámicas políticas en Bizkaia y en futuras elecciones autonómicas.





























































































