Este miércoles, en Pasaia, la fundación Albaola ha dado a conocer el inicio de un ambicioso proyecto de restauración naval. Se trata de la embarcación Osentziyo, el último atunero tradicional de Donostia, cuyo futuro había estado en peligro de desguace en 2015. Esta histórica nave inicia una nueva etapa que busca resaltar el valor del patrimonio marítimo del País Vasco.
La presentación del proyecto marca una nueva fase para Albaola, que previamente había logrado la botadura de la Nao San Juan. Con la reapertura de su factoría, se espera que esta iniciativa ofrezca a los visitantes la oportunidad de observar más trabajos de restauración de manera directa.
Xabier Agote, presidente de la fundación, destacó que el Osentziyo es una embarcación única por diversos motivos. «Es el último barco vasco que mantiene las características de la pesca tradicional del atún del siglo XX y, al mismo tiempo, es el último pesquero tradicional del puerto de Donostia», comentó Agote.
Este atunero representa un enlace entre las técnicas de pesca a vela y la motorización, conservando métodos ancestrales como la pesca con cebo artificial. Esto lo convierte en una pieza clave de una tradición milenaria que merece ser preservada.
La familia Puerta, anterior propietaria de la embarcación, tomó la decisión de evitar su desguace al entregarla a Albaola, valorando su significado no solo como un barco, sino como «una casa, una forma de vida y un refugio en la mar».
El proyecto de restauración integral, que abarcará el casco de madera, motores, depósitos y sistemas electrónicos, tiene una duración estimada de un año. Durante este periodo, el progreso de la restauración podrá ser seguido por el público mediante visitas a la factoría.
Una vez completada la restauración, el objetivo es que el Osentziyo vuelva a navegar y regrese a su puerto natural en Donostia, donde se transformará en un barco museo y un espacio cultural. Este nuevo uso se complementará con actividades educativas y divulgativas dirigidas, especialmente, a los jóvenes.
Agote enfatizó la importancia de recuperar la memoria histórica de Donostia, recordando que no solo es conocida por su gastronomía, sino que también fue un importante puerto marítimo. «Desde aquí partieron grandes expediciones balleneras y comerciales», apuntó.
Íñigo Puerta, hermano del antiguo armador del atunero, explicó que la decisión de evitar el desguace surgió del profundo apego que los patrones sienten por sus embarcaciones. Para ellos, el momento de llevar un barco al desguace es un proceso doloroso. «He visto llorar a muchos patrones al tener que asumir ese final», comentó.
La familia Puerta confía en que, al ver el Osentziyo en plena restauración en la factoría, se sienta una mezcla de emoción y esperanza. Esta recuperación también representa un homenaje a una larga tradición familiar vinculada al mar, que cuenta con más de 500 años de historia.
Además del Osentziyo, Albaola sigue trabajando en la Nao San Juan, cuyo viaje a Canadá está previsto para el año 2027. Con estos proyectos, la fundación reafirma su compromiso con la conservación y divulgación del patrimonio marítimo vasco, brindando al público la oportunidad de vivir la historia naval en primera persona.
Este nuevo proyecto de restauración se llevará a cabo durante aproximadamente un año y será visible para todos los interesados, coincidiendo con la reapertura de Albaola, que se proyecta como un espacio importante en la oferta cultural de la región.





























































































