La selección española de balonmano se vio superada en su último encuentro del Europeo, quedando fuera de la lucha por el quinto puesto. Este partido, disputado el 20 de enero, terminó con un claro 27-35 en contra de Portugal, un rival que, al igual que España, contaba con dos puntos tras la fase de grupos.
El equipo, integrado por los guipuzcoanos Kauldi Odriozola e Imanol Garciandia, enfrentó numerosas dificultades en la cancha. La defensa, que había sido clave en partidos anteriores, no logró contener el ataque portugués, lo que resultó en una derrota sin paliativos. El equipo luso, potenciando su juego gracias a los hermanos Costa y una sólida conexión con sus pivotes, mostró un dominio claro durante el encuentro.
La ausencia de Abel Serdio, tras un incidente antideportivo, se hizo notar. El seleccionador Jordi Ribera optó por Javi Rodríguez para reforzar el centro, pero la actuación del portero Sergey Hernández y varios errores en los lanzamientos de Portugal evitaron que el marcador se disparara aún más a favor del equipo rival.
A lo largo del primer tiempo, España no logró encontrar su ritmo y, a pesar de un intento de corrección tras un tiempo muerto solicitado por Ribera, la combinación entre ataque y defensa dejó mucho que desear. Con un parcial de 12-16 al descanso, el equipo español necesitaba una reacción contundente para revertir la situación.
En la segunda mitad, el equipo nacional intentó encontrar nuevas oportunidades, pero no lograron aprovechar la ventaja numérica que se presentó tras la exclusión de un jugador portugués. La falta de acierto en los lanzamientos se hizo evidente, y, aunque lograron ajustar un poco el marcador, el 27-35 final dejó un sabor amargo tras una actuación que contrastaba con las expectativas generadas en partidos anteriores.
Con esta derrota, España se despide de la competición sin medallas y con muchas preguntas sobre su rendimiento. En este contexto, la selección se encuentra en un momento de transición, incorporando nuevos talentos que buscan consolidarse en el equipo. El objetivo a largo plazo de Ribera será preparar al equipo para futuros campeonatos, como el Europeo de 2028 y el Mundial de 2027 en Alemania, donde se espera que los jugadores más jóvenes tengan un papel clave.
El camino de la selección portuguesa, por otro lado, parece más sólido, tras haber finalizado cuartos en el Mundial del año pasado y habiendo presentado un proyecto que promueve el talento emergente sin agotar sus recursos en categorías inferiores. Kiko Costa, quien destacó en el encuentro con siete goles, expresó que jugar con espacios es beneficioso para el equipo, resaltando la importancia de esta dinámica en su estilo de juego.
A pesar de la decepción de la eliminación, los expertos del balonmano en España esperan que este revés sirva como un impulso para mejorar y fortalecer al equipo. La evolución del balonmano español dependerá de cómo se gestionen estos nuevos talentos y de la capacidad del cuerpo técnico para adaptarse a los cambios necesarios en el juego.
Así, el Europeo se cierra para la selección española con un balance agridulce, reflejando tanto los logros pasados como los desafíos futuros en un deporte en constante evolución.






























































































