El consejero de Salud, Alberto Martínez, ha tenido que comparecer ante los medios para abordar un grave incidente que ha afectado a 253 personas en Euskadi. Este problema surge tras la administración de viales de vacunas que estaban caducados, lo cual plantea serias preguntas sobre la seguridad del paciente y los mecanismos de control del Servicio Vasco de Salud.
A pesar de la preocupación manifestada por las familias afectadas, las autoridades han intentado ofrecer un mensaje tranquilizador. Según datos clínicos recientes, la administración de estas vacunas caducadas no representa un riesgo inmediato para la salud de los pacientes, ni ha habido efectos adversos reportados. Sin embargo, la duda sobre la efectividad inmunológica de estas dosis ha llevado a la creación de un comité de expertos que evaluará si se requiere una intervención adicional.
Un aspecto crucial del manejo de esta crisis es decidir si los afectados necesitan recibir una nueva dosis de la vacuna. Inicialmente, el consejo asesor de vacunas de la comunidad autónoma consideraba necesario implementar una revacunación generalizada. Sin embargo, un informe reciente de la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS) ha cambiado esta postura, argumentando que la evidencia científica no justifica una revacunación masiva.
La nueva estrategia, basada en el análisis de la AEMPS, establece dos grupos de pacientes distintos: en primer lugar, la población infantil, que incluye principalmente a bebés. Para este grupo, la AEMPS no aconseja repetir la vacunación, ya que considera que la respuesta inmunitaria generada es suficiente, a pesar del desfase temporal. En segundo lugar, en la población adulta, se ha determinado que un pequeño grupo de cinco individuos sí debe recibir una nueva dosis para asegurar su correcta protección.
La investigación abierta por el Departamento de Salud ha revelado fallos significativos en la trazabilidad del medicamento. Este problema no se ha debido a un simple error humano, sino a una serie de fallos en los tres niveles de control que deberían haber detectado la caducidad antes de que las vacunas se administraran. Entre estas fallas se incluye la falta de filtrado en el almacén logístico, que no retiró los viales fuera de fecha, así como la omisión de controles por parte de los centros de salud que recibieron las dosis. Finalmente, más de cincuenta profesionales de enfermería inocularon las vacunas sin detectar la anomalía en el etiquetado.
La resolución de esta crisis no solo depende de las recomendaciones del consejo asesor, sino que requiere una reforma estructural en la gestión de los stocks farmacéuticos de Osakidetza. La administración vasca ha manifestado su compromiso de mejorar la transparencia informativa, lo cual será esencial para recuperar la confianza de la ciudadanía en los programas de prevención. Entre las medidas contempladas, se incluirá la revisión de los sistemas de alerta digital en los centros de salud, buscando que sea prácticamente imposible registrar una vacuna cuya fecha de caducidad se haya superado en el sistema informático.





























































































