Durante la manifestación que tuvo lugar el domingo en el Templo de Debod, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ofreció un discurso que no solo estuvo dirigido al Gobierno de Pedro Sánchez, sino también a EH Bildu. En su intervención, Ayuso evocó a la banda terrorista ETA, afirmando que «ETA esté preparando su asalto al País Vasco y a Navarra mientras sostiene a Pedro Sánchez». Estas declaraciones han levantado una oleada de reacciones entre los miembros del Ejecutivo, quienes han calificado sus palabras de alarmistas y fuera de lugar.
El ministro de Transportes, Óscar Puente, fue uno de los primeros en responder a Ayuso, recordando un tuit que publicó en 2020 donde alertaba sobre el «peligro» que representaba la presidenta madrileña. En su mensaje, Puente comentó: «Un buen día para recordar este tuit. Es de 2020. Hoy está mucho peor», acompañado de un vídeo donde Ayuso hacía referencia a ETA. Este tipo de ataques políticos, según Puente, no contribuyen a solucionar los problemas reales de los ciudadanos.
La crítica hacia Ayuso no se limitó a Puente. Óscar López, otro miembro del Gobierno, argumentó que «mientras Ayuso nos intenta distraer con ETA y Venezuela, ella sigue en su ático pagado con el dinero de las comisiones infames y se carga la sanidad y la universidad públicas». Esta afirmación refleja una preocupación creciente sobre la gestión de su gobierno y cómo se desvían las discusiones hacia temas que él considera irrelevantes.
Además, la ministra de Sanidad, Mónica García, también se unió al debate, recordando a Ayuso su hipocresía al criticar la violencia. García le recordó que su lenguaje, que incluye insultos y referencias a ETA, puede contribuir a la polarización y a manifestaciones violentas. En sus palabras: «No es Vox, eres tú alentando el odio constantemente». Este tipo de comentarios subrayan la tensión existente en el ámbito político y social en España, especialmente en lo que respecta a la memoria histórica y la convivencia.
El trasfondo de esta situación es complejo, ya que refleja no solo la rivalidad política entre los distintos partidos, sino también una lucha por la narración y el control del discurso público. En un contexto donde la figura de ETA sigue siendo un tema sensible, el uso de su nombre por parte de Ayuso parece tener como objetivo movilizar a su base, aunque a costa de tensar aún más las relaciones entre las distintas fuerzas políticas.
Este tipo de enfrentamientos verbales se han vuelto comunes en el panorama político español, donde las manifestaciones y los discursos suelen ser utilizados como herramientas para polarizar a la opinión pública. Los líderes políticos se enfrentan al dilema de encontrar un equilibrio entre expresar sus opiniones y no alimentar discursos que puedan llevar a la violencia o al odio. La respuesta de los ministros del Gobierno a Ayuso indica que se está tomando en serio el impacto que pueden tener sus palabras en la sociedad.
En resumen, la manifestación del domingo no solo fue un espacio para las críticas hacia el Gobierno de Sánchez, sino que también puso de relieve la tensión entre los partidos y el uso estratégico de temas delicados como el terrorismo. Las palabras de la presidenta madrileña, lejos de ser un mero comentario político, evocan cuestiones profundas sobre la memoria, la historia y cómo estas influyen en la política actual. A medida que se avanza en este clima de confrontación, será crucial observar cómo se desarrolla el debate y qué medidas se toman para abordar los problemas fundamentales que afectan a la población.






























































































