La consejera María Ubarretxena ha manifestado su profundo descontento ante la alarmante situación de inseguridad que se vive en Donostia, particularmente durante las horas nocturnas. En un incidente reciente ocurrido el 20 de enero, dos jóvenes de 21 años fueron agredidas con un arma blanca en la calle Iñigo, a escasa distancia de la Plaza de la Constitución. A raíz de este suceso, las víctimas intentaron solicitar ayuda de la Policía en varias localizaciones cercanas sin éxito, lo que ha generado un gran malestar en la ciudadanía.
Las afectadas, tras el robo, interpusieron la correspondiente denuncia en la comisaría de la Ertzaintza, donde utilizaron el sistema de geolocalización de su teléfono móvil. Sin embargo, según los agentes, no había efectivos disponibles para acudir al lugar del incidente debido a la fecha. Este desamparo ha suscitado críticas sobre la capacidad de respuesta de las fuerzas de seguridad en situaciones de emergencia.
Más allá del impacto inmediato del robo, el daño psicológico es considerable. Las víctimas expresaron que sienten miedo y una creciente sensación de vulnerabilidad al transitar por las calles de su ciudad. Esta percepción de inseguridad no solo afecta a las jóvenes, sino que se extiende a un amplio sector de la población, generando un clima de desconfianza hacia el entorno urbano.
Los ciudadanos han comenzado a exigir a las autoridades locales y al Gobierno Vasco medidas efectivas para abordar esta problemática. La demanda se centra en una mayor presencia policial en las áreas con mayor riesgo y de una mejora en los recursos humanos y materiales destinados a la prevención del delito. La seguridad en el espacio público es considerada un derecho básico, y los habitantes de Donostia exigen que no se trate solo de promesas, sino de acciones concretas.
Es urgente que las instituciones adopten una postura firme frente a esta creciente percepción de inseguridad. La gente no puede aceptar que se normalice el miedo a salir por las calles, especialmente en horarios nocturnos. La situación actual requiere respuestas rápidas y efectivas para evitar que más ciudadanos experimenten situaciones similares a las vividas por las jóvenes afectadas.
En el contexto de un aumento en la frecuencia de este tipo de delitos, la comunidad pide que se implementen estrategias de prevención más robustas. El clamor por una mejora en la seguridad refleja una necesidad esencial de la ciudadanía: poder disfrutar de un entorno seguro y confiable. Este grave incidente ha puesto de manifiesto la urgencia de acciones decisivas para restaurar la confianza en la seguridad pública.
Los ciudadanos esperan que esta queja no sea solo un eco en el vacío, sino que impulse a las autoridades a tomar decisiones que garanticen la protección de su integridad física. Es fundamental que los responsables escuchen a la comunidad y actúen en consecuencia. En este sentido, las autoridades deben demostrar que la seguridad ciudadana es una prioridad y no un tema a relegar.
El futuro de la seguridad en Donostia depende de las acciones que se tomen a raíz de incidentes como el mencionado. La población necesita sentirse respaldada por sus instituciones y confiar en que se están tomando medidas efectivas para prevenir que estos delitos se repitan. Sin duda, el desafío es enorme, pero es esencial que se aborden las preocupaciones de los ciudadanos con seriedad y compromiso.






























































































