Si pudiera, te daría una patada, dirigida y escrita por Mary Bronstein, ha llegado a las pantallas con una propuesta cinematográfica que promete dejar huella. Este film, que dura casi dos horas, se caracteriza por su intensidad y su capacidad para sumergir al espectador en un mar de emociones complejas. No es un filme fácil de digerir; la historia que narra es dura y perturbadora, y su ritmo entrelaza silencios y elipsis que contribuyen a crear una atmósfera de angustia. La trama gira en torno a una madre cuya vida se ve marcada por la maternidad y las responsabilidades que esta conlleva, lo que, sumado a la enfermedad de su hija, añade un peso insoportable a su existencia.
La protagonista, interpretada por Rose Byrne, se enfrenta a una lucha interna que refleja la insatisfacción con su rol como madre. Byrne, australiana y con una carrera destacada en la comedia y el cine de terror, entrega una actuación que le ha valido premios importantes, incluyendo el reconocimiento a la mejor intérprete en el Festival de Sitges. Aunque su personaje se encuentra atrapado entre la crianza de su hija y las exigencias de su profesión como psicóloga, la trama destaca también la presión que siente debido a su adicción al alcohol y las ausencias de su marido.
La película plantea cuestiones profundas sobre la maternidad y el sentido de la vida en un contexto donde las expectativas sociales pesan enormemente. A medida que avanza la historia, el espectador es testigo de la forma en que la protagonista se debate entre el deber y el deseo de liberarse de las ataduras que la mantienen anclada a una realidad que no eligió. Bronstein utiliza recursos narrativos que intensifican la sensación de claustrofobia y angustia, lo que lleva a muchos a cuestionar los límites entre la ficción y la vida real.
La enfermedad de la hija, que requiere constantes atenciones médicas, se convierte en un símbolo de la carga emocional que enfrenta la madre. La angustia se acumula y se convierte en un ciclo interminable de tensión, donde el espectador puede sentir la desesperación de la protagonista. Bronstein logra transmitir la dureza de la maternidad en un contexto que muchas veces se idealiza, mostrando la lucha interna que puede existir detrás de una imagen aparentemente perfecta.
Con un guion que desafía las convenciones, Si pudiera, te daría una patada no se limita a contar una historia, sino que invita a la reflexión sobre la vida moderna y los roles que asumimos. La obra combina momentos de tensión y desesperación con instantes de cruda honestidad, logrando que el público reflexione sobre sus propias experiencias y sentimientos. La película se convierte, así, en un espejo donde se reflejan las debilidades y vulnerabilidades de la condición humana.
La dirección de Bronstein, quien con apenas 1.60 metros de altura ha demostrado tener una voz potente en el cine, complementa perfectamente la interpretación de Byrne. La autora no aparece como actriz, dejando que su visión se materialice en cada fotograma a través de la actuación de su protagonista. La combinación de estos dos talentos ha dado como resultado una obra que, aunque dura, resuena profundamente en quienes la contemplan.
El film se estrena en un momento en el que las conversaciones sobre la maternidad y la salud mental son más relevantes que nunca. A medida que se desarrollan las historias de las madres en la pantalla, la audiencia se siente cada vez más identificada, lo que genera un impacto que va más allá de las dos horas de proyección. En este sentido, Si pudiera, te daría una patada abre un espacio para discutir y abordar temas que a menudo se consideran tabú, haciendo eco en una sociedad que busca cambiar la narrativa sobre la maternidad y la autocompasión.
En conclusión, la película no solo desafía al espectador a confrontar sus propios miedos y expectativas, sino que también ofrece una mirada honesta y cruda sobre los desafíos que enfrentan muchas mujeres en su vida diaria. El impacto emocional que logra puede perdurar mucho después de que los créditos finales hayan pasado, convirtiendo su visionado en una experiencia necesaria y provocativa.





























































































