El próximo domingo, el Teatro Arriaga de Bilbao acogerá la entrega de un reconocido premio que resalta la labor de Enrike Zelaia en la preservación de la identidad vasca a través de la cultura y la música del acordeón. Arantxa Tapia, presidenta de la Fundación Sabino Arana, destacó la importancia de su trabajo en la revitalización de tradiciones culturales que son fundamentales para el pueblo vasco.
Zelaia, quien prefiere el término «akordeoilari» en lugar de acordeonista, explicó que esta distinción va más allá de tocar un instrumento; se trata de interpretar música vasca que resuena con su identidad y la del público. Su trayectoria musical dio un giro significativo hace medio siglo con la creación del Festival Vasco, un evento que marcó un antes y un después en su vida profesional y personal.
En una conversación sobre su pasado, Zelaia recordó que tras ganar el Campeonato de España en 1958 y un festival internacional en Italia, decidió que quería dedicarse a la música clásica. Sin embargo, su experiencia en Madrid, donde actuó en una variedad de lugares, le llevó a una dura realidad que lo desilusionó. Después de un tiempo, regresó a Altsasu, donde sus padres tenían un bar, alejándose de la música profesional.
El regreso a sus raíces fue clave, y tras recibir una oferta de la discográfica Belter, Zelaia se sintió libre para explorar la música popular vasca. Su enfoque innovador, que combinó ritmos modernos con melodías tradicionales, sorprendió a muchos y le permitió conectar profundamente con su audiencia. “El lenguaje musical tocaba las fibras sensibles de la gente y me hizo reflexionar sobre mi identidad”, subrayó el artista.
Decidido a dar un nuevo paso, Zelaia creó un espectáculo que integraba música y danza vasca. La presentación inicial en Urretxu fue un gran éxito, lo que le permitió recorrer toda Euskal Herria. A partir de ahí, surgió la antología Zazpiak Bat, recopilación que se alimentó de su investigación sobre las tradiciones musicales y las festividades locales.
Uno de los momentos destacados de su trabajo ha sido la recuperación y revitalización del carnaval de Altsasu. Esta celebración, que resurgió en 1982, se caracteriza por la figura del momotxorro, que captura la atención de los asistentes con su aspecto impresionante y su rol en la tradición. «Hemos logrado crear un magma de convivencia que fortalece nuestra identidad», afirmó Zelaia con orgullo.
Además de su faceta como intérprete, Zelaia ha destacado como compositor, habiendo creado más de 180 piezas musicales. Sus composiciones abarcan desde himnos locales hasta obras que evocan antiguas tradiciones que habían caído en el olvido. Su deseo de recuperar esta historia colectiva se ha convertido en un pilar fundamental de su carrera.
A pesar de sus logros, Zelaia ha expresado su frustración por no haber logrado dominar el euskera, considerándolo un aspecto esencial de la identidad vasca. “La lengua es uno de los componentes básicos que nos distingue como pueblo”, reflexionó, añadiendo que siente una profunda conexión emocional cada vez que escucha el euskera en su entorno.
La entrega del premio el próximo domingo no solo celebrará su trayectoria, sino que también resaltará la importancia de mantener vivas las tradiciones culturales que forman la esencia del pueblo vasco. Zelaia continúa siendo un referente en la música y la cultura vasca, y su obra sigue inspirando a nuevas generaciones en la búsqueda de sus raíces y su identidad.





























































































