El nuevo intento de Alberto Núñez Feijóo de establecer una comunicación con los demás partidos presentes en el Congreso, a través de Miguel Tellado, ha encontrado nuevamente un obstáculo. Después de varios intentos de contacto, ya sea mediante mensajes directos o llamadas, los grupos consultados no han ofrecido respuesta alguna respecto al futuro político tras la gestión de Pedro Sánchez, especialmente en el contexto del caso Cerdán.
Los aliados de la izquierda han mostrado una negativa rotunda a cualquier tipo de colaboración con el Partido Popular (PP), argumentando diferencias ideológicas innegables. Además, la relación entre el PP y partidos como el PNV y Junts también es tensa, más aún por la inclusión de Vox en cualquier alternativa política. El PNV, que ha sido un socio clave para el PSOE, jugó un papel fundamental en la investidura de Sánchez y mantiene un acuerdo sólido con el PSE en Euskadi, donde Imanol Pradales actúa como lehendakari.
Los movimientos políticos en Madrid podrían repercutir en la estabilidad del Gobierno vasco, que a su vez está a la espera de avances en las negociaciones sobre competencias en Seguridad Social con el Gobierno Vasco. Por su parte, Junts ha exigido condiciones que el PP considera inaceptables, especialmente tras la reciente validación de la ley de amnistía por el Tribunal Constitucional, un tema que ha generado controversia y críticas por parte de los populares.
El PP, a través de Tellado, ha intentado establecer una ronda de contactos con diferentes formaciones políticas, pero ha enfrentado un rechazo generalizado. La portavoz del PNV, Maribel Vaquero, ha manifestado su descontento con la actitud de Tellado, considerando que su estrategia no busca construir puentes, sino más bien consolidar divisiones. A pesar de un intento de diálogo posterior entre Tellado y Vaquero, el PNV se limita a reconocer la comunicación sin mostrar interés en una colaboración futura.
En este contexto de fricciones, el PP ha mantenido una postura desafiante, exigiendo a Sánchez que convoque elecciones. Sin embargo, el enfoque del PP ha sido criticado, incluso por otros partidos que, aunque no se alinean con los populares, han señalado la falta de claridad en las explicaciones del Gobierno español. La situación se complica aún más con la postura de partidos como ERC, que han manifestado su falta de interés en dialogar con el PP, y el BNG, que rechaza cualquier acuerdo con la ultraderecha.
La situación actual pone de manifiesto la complejidad del panorama político en España, donde las alianzas y los movimientos estratégicos son cruciales para la estabilidad de los gobiernos autonómicos. La consejera María Ubarretxena, tras una reunión del Consejo de Gobierno, ha instado a la necesidad de mantener el trabajo a pesar de las tensiones políticas. Esto refleja la importancia de seguir adelante con los acuerdos y la gobernabilidad, mientras se espera una concreta definición sobre el traspaso de competencias en materia de Seguridad Social.
El futuro del PP en la búsqueda de alianzas parece incierto, ya que muchos partidos han dejado claro que no apoyarán una moción de censura que consideren como un intento de manipulación política. El diálogo y la colaboración se presentan como un reto en un clima cada vez más polarizado, donde las diferencias ideológicas prevalecen sobre las posibilidades de consenso.
A medida que la situación evoluciona, es fundamental que los partidos se centren en construir relaciones que favorezcan el diálogo y la estabilidad, no solo en el ámbito nacional, sino también en la gestión de los asuntos que afectan a comunidades autónomas como Euskadi. La preservación de un gobierno eficaz en la región dependerá en gran medida de la capacidad de los partidos para superar las divergencias y encontrar puntos en común que beneficien a la ciudadanía.





























































































