El 20 de enero es un día que marca el calendario de la ciudadanía donostiarra. En esta fecha, la ciudad se llena de vida y color con la celebración de la Copa del Rey, donde el sonido del tambor y el barril resuena por las calles. Mientras muchos miran con atención la Tamborrada adulta, es importante recordar que los más pequeños también hacen de este evento una jornada especial. Los niños practican a lo largo del año, esperando ansiosos poder mostrar su esfuerzo y dedicación en este gran desfile.
La Tamborrada Infantil de Donostia va más allá de ser un simple desfile; representa el fruto de meses de ensayo y la manifestación de la identidad de los escolares. Cada colegio participa con orgullo, vistiendo uniformes que reflejan la tradición y que transforman las calles en un vibrante mosaico de colores y estilos. Este evento se ha consolidado como un símbolo de pertenencia y orgullo local entre las familias.
La historia de este evento se remonta a 1927, cuando la participación infantil se introdujo en la Tamborrada. Gracias a la iniciativa de la Sociedad Euskal Billera, liderada por su presidente Mauricio Echaniz, se realizó un desfile exclusivamente infantil. En esa primera edición, los niños asumieron roles como tamboreros y barrileros, mientras que las niñas llevaban el papel de cantineras y abanderadas. Este desfile inicial, que comenzó a las once de la mañana en la Parte Vieja, se repitió anualmente debido a su éxito.
En 1961, la Tamborrada Infantil experimentó una renovación significativa, ampliando el número de participantes y estableciendo las bases de lo que conocemos hoy. En una reunión celebrada en noviembre de 1960, se acordó que los niños desfilaran representando distintos cuerpos militares con trajes tradicionales, lo que permitió que cientos de niños, organizados en compañías, lucieran uniformes coloridos y representativos.
Uno de los momentos más icónicos de cada 20 de enero es la imagen de la plaza del Ayuntamiento, repleta de uniformes alineados, que convierten el centro de Donostia en un espectáculo de historia y tradición. Cada colegio despliega su propio traje, y aunque son muchos los centros participantes, la variedad de vestuarios es lo que enriquece el evento. Cada uniforme tiene su significado, reflejando tanto la esencia de la Tamborrada como la identidad de cada institución educativa.
Por ejemplo, el uniforme del Aldapeta María Ikastetxea, uno de los colegios fundadores de la actual Tamborrada Infantil, está inspirado en un regimiento británico de infantería de 1821. Su diseño incluye una casaca roja y un morrión negro con plumas, conectando con la historia del desfile y consolidando su identidad. De manera similar, el uniforme de Euskal Billera, la sociedad que inició la Tamborrada Infantil, rememora a los batallones ligeros franceses de 1805; su vestimenta ha sido renovada a lo largo de los años, pero siempre manteniendo su esencia original.
El Colegio La Asunción Ikastetxea, fundado en 1882, es otro ejemplo notable, destacando por su elegante uniforme inspirado en la Infantería francesa. Este colegio, que se unió al desfile infantil en 1990, ha mantenido una participación constante y su vestuario es un reflejo del esfuerzo por preservar la tradición.
La seriedad con la que los niños desfilan resulta asombrosa. Saben que llevan un traje que representa a su colegio, lo que añade un sentido de responsabilidad al evento. Cada elemento del traje, desde los botones hasta los tambores, es parte de una puesta en escena cuidadosamente preparada, resultado de años de tradición y colaboración entre familias y centros educativos.
En resumen, la Tamborrada Infantil es un evento que fusiona el pasado con el futuro, donde los niños no solo aprenden a seguir el ritmo, sino que también desarrollan un sentido de pertenencia y valoración por su historia. Sin duda, el 20 de enero cobra vida gracias a ellos, quienes desfilan con orgullo, simbolizando que la esencia de la Tamborrada también late con fuerza en la infancia.





























































































