El pasado viernes, a las 20:07 (hora del este de EE.UU.), la cápsula tripulada Orión de la misión Artemis II realizó su amerizaje en el océano Pacífico, frente a la costa de San Diego, cumpliendo con lo previsto por la NASA. Esta operación marcó un hito significativo, dado que la cápsula había viajado más lejos de lo que cualquier ser humano ha estado en la historia. Durante la transmisión en vivo, se confirmó que los cuatro astronautas que formaban parte de la tripulación se encontraban «en excelente condición».
Antes de regresar a la Tierra, los astronautas dedicaron su último día en el espacio a repasar los procedimientos necesarios para el descenso, incluyendo el uso de prendas de compresión que ayudan a mitigar los mareos provocados por la gravedad terrestre. Aproximadamente 20 minutos antes de la reentrada, el módulo de tripulación se separó del módulo de servicio. La cápsula Orión tuvo que entrar en la atmósfera a un ángulo muy preciso, según explicó el doctor Chris James, experto en hipersónica, quien mencionó que el margen de error era de alrededor de un grado.
La cápsula alcanzó la interfaz de entrada a una altitud de 122 kilómetros. Durante este proceso, el escudo térmico de Orión experimentó temperaturas extremas de hasta 2.700 ºC, lo que representa aproximadamente la mitad de la temperatura de la superficie del Sol. Después de que la nave entró en la atmósfera, los astronautas perdieron contacto con la Tierra durante seis minutos, debido a la formación de plasma, que bloqueó las señales de radio.
El primer paso para reducir la velocidad de la cápsula, que atravesó la atmósfera a más de 40.000 kilómetros por hora, fue utilizar la atmósfera como freno. La Orión fue diseñada para no ser aerodinámica y, por lo tanto, se comporta como un «ladrillo volador» al impactar la atmósfera. Gracias a esta técnica, los astronautas experimentaron menos fuerzas G, ya que el ángulo de entrada se ajustó para prolongar el proceso de descenso. Una vez superada esta fase, se desplegaron paracaídas piloto que estabilizaron la nave, lo que permitió una desaceleración gradual antes de que se activaran los paracaídas principales a una altitud de aproximadamente 1,8 kilómetros.
Los paracaídas principales lograron reducir la velocidad de la cápsula a unas 32 kilómetros por hora, permitiendo un amerizaje suave en el océano. A su llegada, un equipo de recuperación estaba preparado para recibir a la tripulación frente a la costa de California. La cápsula de Artemis II tenía la capacidad de amerizar en diversas posiciones, y se inflaron airbags para asegurar que la nave quedara en posición vertical, facilitando así la salida de los astronautas.
Se estima que los astronautas regresarán a tierra firme, concretamente a la Base Naval de San Diego, en un plazo de 24 horas tras el amerizaje. Esta misión no solo marca un regreso exitoso, sino que también les ha permitido unirse a un exclusivo grupo de 24 astronautas que han volado alrededor de la Luna. Con el viaje de Artemis II completado, los cuatro astronautas reflexionarán sobre su extraordinaria experiencia y los logros alcanzados en el ámbito de la exploración espacial.



























































































