Tokischa, la rapera dominicana, ha captado la atención esta semana, especialmente entre aquellos que no la conocían, después de compartir imágenes controversiales en la basílica de Santa María del Coro en Donostia. Esto ocurrió durante el rodaje de un corto-videoclip titulado (No) Margine. Parte 1-»Bisous Bisous, bajo la dirección de Karim Coppola y protagonizado por la propia artista. El video, que ha sido publicado en YouTube, aborda temas como el juicio moral y la resistencia, en un contexto que incluye el símbolo de San Sebastián, el mártir de las flechas, emblema del colectivo LGTBIQ+.
La controversia se intensificó tras una denuncia presentada por Abogados Cristianos, quienes junto con el Obispado de San Sebastián, solicitaron la retirada de las imágenes, argumentando que se filmaron en la basílica bajo engaños. La institución religiosa aseguró que el equipo de producción había presentado el proyecto como una escena breve y respetuosa, lo que despertó el descontento de los responsables del templo.
En el corto, Tokischa inicia con una declaración que dice: «Me llamo Tokischa, una artista, creativa, liberal, perra. Molesto a mucha gente, pocos me entienden.» Su vestimenta blanca parece evocar a la figura de la virgen, justo antes de ser solicitada a abandonar el lugar. A lo largo del audiovisual, la narrativa se entrelaza con referencias al franquismo y a la persecución del euskera, destacando la figura de Nekane Urrutia, una mujer que enseñaba euskera en su hogar en tiempos de represión.
La historia también aborda la homosexualidad en el ámbito deportivo, vinculándose con lugares emblemáticos como el campo de rugby de Puio, un espacio que refleja tensiones y prejuicios en el deporte. Además de las imágenes de la basílica, el corto incluye escenas en Albaola y el hotel Arima, sumando una variedad de contextos locales a la narrativa.
A pesar de su difusión, el corto ha generado un nuevo conflicto. El Obispado de San Sebastián ha reiterado su exigencia de eliminar las grabaciones del interior del templo, argumentando que jamás se autorizó la filmación. La diócesis no ha cerrado la puerta a posibles «acciones jurídicas o canónicas», lo que podría escalar aún más la polémica.
Este episodio resalta la tensión existente entre la libertad artística y las normas religiosas, planteando preguntas sobre los límites de la expresión y el respeto hacia los espacios sagrados. La combinación de temas sociales y culturales en el corto ha suscitado un debate profundo en la sociedad vasca, que sigue reflexionando sobre su identidad y valores en un mundo en constante cambio.




























































































