En el emblemático San Miguel de Aralar, se encuentran las cadenas que portó Teodosio de Goñi, quien, debido a un trágico error, acabó con la vida de sus padres. La leyenda narra que, tras regresar de la guerra, un engaño del diablo lo llevó a confundir a sus progenitores con amantes de su esposa, Constanza, lo que desencadenó su fatal acto.
Después de comprender el engaño, Teodosio fue condenado a una larga penitencia, vagando encadenado y portando una cruz de madera por los montes de Hayedo, Andia y Aralar. En este contexto, un dragón que aterrorizaba la zona fue derrotado por el arcángel San Miguel, quien atendió las súplicas de Teodosio, liberándolo de sus cadenas y permitiéndole dedicar el resto de su vida al culto del arcángel.
Teodosio construyó un templo en honor a San Miguel, y las cadenas que cuelgan en el exterior son consideradas por muchos como un símbolo de su sufrimiento y eventual redención. Según la tradición, el santuario se erige sobre el antiguo escondite de la criatura mitológica que una vez asoló la región.
Este lugar también ha sido testigo de eventos contemporáneos, como la reciente etapa de la Itzulia, donde Paul Seixas dejó su huella. Con un rendimiento impresionante, Seixas se destacó en la segunda etapa de la competición, consolidándose como un nombre a seguir. Su actitud audaz y su energía arrolladora resonaron en el ambiente, dejando a otros competidores, como Mikel Landa, enfrentando dificultades tras un accidente en el descenso.
A medida que la jornada avanzaba, el joven ciclista francés demostró su capacidad al ampliar su ventaja en la montaña. Desde la cima de San Miguel, observó el horizonte y se adentró en las Cuevas de Mendukilo, donde logró una victoria aplastante en la etapa. Su triunfo fue celebrado con fervor, marcando un nuevo capítulo en la carrera vasca, conocida por su dureza y exigencia.
La competencia, que se llevó a cabo en un terreno desafiante, vio a Seixas manejar la situación con una confianza notable, resaltando su dominio en la Itzulia. A pesar de las adversidades que enfrentaron otros corredores, el joven ciclista mantuvo su posición, dejando a sus rivales, entre ellos Ion Izagirre y Pello Bilbao, a una distancia considerable.
El desarrollo de la competición fue un espectáculo para los aficionados, quienes siguieron con atención cómo Seixas escalaba sin esfuerzo hacia la victoria, mientras otros luchaban por mantenerse en el grupo. Su rendimiento, calificado como una “exhibición demencial”, fue un recordatorio del espíritu competitivo que caracteriza a la Itzulia, donde cada etapa puede cambiar el rumbo de la carrera.
Seixas, en declaraciones posteriores, destacó que su estrategia de ataque fue audaz, aunque tal vez prematura. Sin embargo, su enfoque ha demostrado ser eficaz, ya que se encuentra en una posición favorable en la clasificación general. Su victoria no solo es un triunfo personal, sino que también resuena en la historia del ciclismo en la región.
En este contexto histórico y legendario, la Itzulia no solo representa una competencia deportiva, sino también un homenaje a la rica tradición cultural de la zona. El recuerdo de Teodosio de Goñi y su liberación en San Miguel de Aralar se entrelaza con las hazañas de los ciclistas contemporáneos, creando un vínculo entre el pasado y el presente.
La montaña, con su historia y su desafío, sigue siendo un símbolo de resistencia y superación. Con cada ciclo en la Itzulia, se manifiestan las historias de luchas y triunfos, y el legado de los que han pasado por estas tierras continúa vivo en cada pedalada.





























































































