El músico Gartxot Unsain Letona, nacido en 1987 en Donostia, destaca su conexión con el barrio de Egia, donde creció. Desde hace algunos años, reside en el puerto donostiarra, un lugar que ha servido de inspiración para la creación de las canciones de su primer álbum en solitario, titulado Bizirik gaude. Este disco, que se caracteriza por su delicadeza y sutileza, es en gran medida acústico, construido a partir de la guitarra y la voz. La colaboración de Amaia Miranda en la producción ha sido fundamental para dar forma a esta obra, surgida en un momento de transición hacia la vida adulta, que según su autor, «irradia luz y esperanza». Gartxot ha estado de gira prácticamente cada fin de semana por diferentes localidades de Euskal Herria, y ya tiene programada una actuación en Sara, Iparralde, el 18 de abril.
La relación con el público ha sido un tema recurrente en la carrera de Gartxot. El uso excesivo de móviles durante los conciertos ha generado malestar entre los artistas, quienes sienten que esto afecta a la conexión con el público. El músico no duda en opinar que «echar los móviles al mar» podría ser una solución para disfrutar plenamente de las experiencias en vivo. Sugiere que, en lugar de poner los teléfonos en modo avión, deberíamos ser los humanos quienes nos pongamos en un «modo avión» y nos enfoquemos en el presente.
En cuanto a la posibilidad de un mundo mejor, Gartxot se muestra optimista. A pesar de las adversidades y la realidad que nos rodea, sostiene que un cambio basado en la empatía y el cuidado es posible. En su carrera musical, ha intentado comunicar una humanidad y suavidad que inviten a la reflexión y a la autocrítica, lo que él considera fundamental para avanzar como personas.
Frente a la pregunta de si la sensibilidad está en crisis en tiempos de conflicto, el músico indica que lo que realmente está en crisis es la forma en que percibimos la realidad. La manipulación de la información suele llevarnos a posturas extremas, dificultando el diálogo. La crisis reside, según él, en cómo miramos al prójimo y el entorno que nos rodea.
Sobre su música, Gartxot reflexiona acerca de la dificultad de encontrar la emoción con pocos instrumentos. Asegura que la sensibilidad se encuentra en la «arima», o alma, que se pone en cada proyecto. Tras haber trabajado en un proyecto más complejo, sintió la necesidad de regresar a la simplicidad de una guitarra y una voz para expresar sus sentimientos. La curiosidad lo guía en su proceso creativo, pero su esencia permanece intacta.
El puerto de Donostia, aunque ha cambiado con el tiempo, sigue siendo una fuente de inspiración para Gartxot. A pesar del aumento de negocios orientados al turismo, él encuentra momentos de tranquilidad, especialmente en invierno. Sin embargo, reconoce que durante el verano, el ambiente se transforma radicalmente, pasando de la calma a un bullicio constante. Su mudanza al puerto representa una etapa en su vida que refleja la transición hacia la madurez.
En relación a sus influencias musicales, Gartxot menciona que, aunque Gorka Urbizu ha sido una referencia significativa para él, su conexión con Amaia Miranda ha sido crucial en el desarrollo de Bizirik gaude. La forma en que ella simplificó y dio forma a sus composiciones fue un punto de inflexión en el proceso creativo. La grabación conjunta en sus respectivas casas se convirtió en una experiencia memorable que enriqueció el resultado final del álbum.
Finalmente, aunque su disco pueda percibirse como melancólico, Gartxot está convencido de que transmite un mensaje de esperanza y luz. La simplicidad de algunas de las composiciones, como la que cierra el álbum, refleja momentos mágicos en la creación, consolidando su lugar como la canción favorita del artista. A través de su música, Gartxot espera inspirar a otros a reflexionar sobre sus propias vidas y encontrar caminos hacia un futuro más positivo.





























































































