Donostia se despide de Gatibu, una emblemática banda vasca que ha dejado una huella profunda en la música en euskera durante sus 25 años de trayectoria. Con su documental titulado Agur esan barik, dirigido por Jabi Elortegi, el grupo aborda sus altos y bajos a lo largo de su carrera, enfatizando las relaciones personales entre sus miembros. En este nuevo trabajo audiovisual, el vocalista Alex Sardui ha afirmado: “Podemos asegurar que Gatibu se ha terminado para siempre”. Este documental no solo marca el final de una era, sino que también celebra su legado musical, que incluye más de 800 conciertos y once álbumes.
El documental se proyectará en festivales y estará accesible en la plataforma de streaming gratuita Primeran a partir de septiembre. A lo largo de sus 25 años, Gatibu se ha convertido en una parte integral de la identidad cultural vasca, como destaca Koldo Bilbao, responsable del Área de Cultura de BBK, quien recalca que el grupo ha sido “memoria colectiva, identidad y banda sonora de la vida de mucha gente”. La obra refleja la esencia del grupo, que siempre ha estado centrada en dos pilares: el euskera y el rock.
En Agur esan barik, se escucha a los miembros del grupo enfatizar que “nuestros únicos estatutos eran el euskera y el rock”. A través de este largometraje, se reflexiona sobre el paso del tiempo y la importancia de las despedidas. El director Jabi Elortegi, conocido por su trabajo en series de EITB y otros documentales, decidió no centrarse en momentos gloriosos de sus conciertos, sino en las relaciones interpersonales que han sido el corazón de Gatibu. Este enfoque proporciona una mirada íntima a cómo la banda ha vivido su trayectoria y cómo han decidido despedirse.
El documental no rehúye de las dificultades y discrepancias que han surgido a lo largo de los años. Se alternan momentos de gran éxito con aquellos más difíciles, abordando las “necesidades y expectativas diferentes” de sus miembros. El baterista Gaizka Salazar menciona que el adiós “no se podía alargar más”, mientras que Alex confiesa haber sentido que la banda no avanzaba, lo que generó discusiones creativas. La historia ofrece una visión honesta de cómo las personalidades influyen en el trabajo en equipo y en la música.
A lo largo del documental también aparecen músicos y colaboradores que han acompañado a Gatibu en su trayectoria, incluyendo a Ekain Alzola y Xabi Bengo. Elortegi ha querido mostrar las diferencias creativas como parte del proceso de creación, resaltando que “en el trabajo y nuestras propias casas siempre hay diferentes puntos de vista”. El resultado es un retrato sincero que refleja las luchas y los triunfos de una generación a través de la música.
En última instancia, Agur esan barik es más que un simple adiós; es una celebración del impacto que Gatibu ha tenido en la música vasca y en la vida de muchas personas. A través de su viaje, el documental invita a la reflexión sobre cómo la música puede ser un vehículo de identidad y comunidad. Mientras Gatibu cierra este capítulo, su legado vivirá en las memorias de quienes han disfrutado de su música, y su influencia seguirá resonando en futuras generaciones.




























































































