El artista José Ramón Amondarain, nacido en Donostia en 1964, ha mostrado una profunda preocupación por la naturaleza material y física de la pintura. Esta inquietud se refleja en su última exposición, titulada «Cada día y cada día más», donde busca explorar el estado mutable de la pintura y su capacidad de comunicar diferentes significados.
La muestra, que se llevó a cabo en la Cibrian Art Gallery, incluyó tres grandes obras que destacan por sus intensos y gruesos trazos en tonos rojos y blancos, empleando técnicas de óleo y pintura en aerosol. Estas obras, denominadas Blob I, II y III, presentan una fusión de fuerzas visuales que se entrelazan, creando un tapiz gestual que incorpora figuras pequeñas con ojos añadidos, lo que añade un nivel de interacción al espectador. La forma en que están dispuestas estas piezas, inclinadas hacia el público, provoca una sensación de atrapamiento, como si el arte mismo configurara la experiencia del observador.
En otra sección de la exposición, Amondarain presentó ocho impresiones en papel que reinterpretan el retrato de Gertrude Stein realizado por Pablo Picasso, también con ojos añadidos. Este elemento puede considerarse una alegoría de la mirada compleja de Stein, un guiño que el artista ha utilizado en varias ocasiones en su trayectoria. La conexión entre las imágenes y la pintura invita a una reflexión sobre la naturaleza de la representación y la percepción.
A lo largo de su carrera, Amondarain ha demostrado ser un autor versátil, comprometido con la exploración de la densidad física de la pintura. Sus recientes obras evocan la fuerza y el espíritu de los trabajos de artistas del Grupo Gaur de los años 60, como Sistiaga y Zumeta. Sin embargo, su trabajo destaca por una contundencia y un enfoque pictórico que rara vez se ha visto en la historia de la pintura vasca. Aunque otros expresionistas abstractos han trabajado con texturas similares, pocos han alcanzado la misma cantidad de fisicidad que caracteriza a Amondarain.
En un texto que acompaña la exposición, el artista establece una conexión entre la mano y el cerebro, citando a Neuman y Pollock. Sugiere que la pintura puede ser entendida como un material “inteligente”, carente de conciencia, pero capaz de expresar una experiencia del mundo sin necesidad de una reflexión consciente por parte del artista. Esta propuesta desafía las convenciones del arte y abre un nuevo camino para la interpretación de la pintura contemporánea.
La obra de Amondarain no solo es un testimonio de su compromiso con la pintura, sino que también ofrece una visión provocadora sobre cómo el arte puede interactuar con el espectador. Su enfoque experimental y su habilidad para fusionar técnicas y estilos permiten que sus obras sigan resonando en el ámbito artístico, posicionándolo como una figura clave en la escena contemporánea del País Vasco. La exposición en la Cibrian Art Gallery es un ejemplo claro de cómo el arte puede evolucionar y adaptarse a los tiempos, al mismo tiempo que mantiene su esencia comunicativa y expresiva.




























































































