Urretxu y Zumarraga, dos localidades de Gipuzkoa separadas por el río Urola, han convivido a lo largo de la historia con una rivalidad que, a pesar de sus diferencias, no impide su unión. Mientras los vecinos de Zumarraga se sienten orgullosos de puntos emblemáticos como La Antigua, el monte Izazpi y la casa-torre Legazpi, los habitantes de Urretxu destacan su querido monte Irimo, la ermita de Santa Bárbara y el majestuoso palacio Ipeñarrieta. Esta competencia local se extiende incluso al ámbito natural, donde ambos pueblos poseen árboles significativos.
En Zumarraga se encuentra una impresionante secuoya, mientras que Urretxu alberga tres robles que son descendientes directos del emblemático Árbol de Gernika. Estos árboles no solo son símbolos de identidad, sino que también guardan una conexión histórica con la emigración; la secuoya fue plantada por un indiano de Zumarraga, mientras que los robles se plantaron en honor al músico Joxe Mari Iparragirre, quien también vivió en América. Esta singularidad de Urretxu y Zumarraga refleja la complejidad de sus vínculos, que son al mismo tiempo competitivos y colaborativos.
En Urretxu, se han plantado cuatro retoños del Árbol de Gernika. Tres de ellos se sitúan en la plaza del ayuntamiento, justo al lado de la estatua de Iparragirre, y uno más se encuentra en el mausoleo del artista. Uno de los árboles de la plaza fue retirado en 2017 debido a su deterioro. Los dos árboles restantes en la plaza y el del mausoleo son de la época de la Transición, mientras que el otro es aún más antiguo. Durante la alcaldía de Ramón Arbizu, se solicitó un quinto retoño que se plantó en la localidad alemana de Schwarzenbruck, que tiene un convenio de hermanamiento con Urretxu. Este árbol se encuentra actualmente en el jardín del ayuntamiento.
Por su parte, Zumarraga es conocida por su secuoya, situada en el parque Clara Larrañaga, un lugar que destaca por su belleza natural y que se ha convertido en un espacio de encuentro. Se estima que este árbol fue plantado por José Antonio Alberdi hace aproximadamente 150 años. Alberdi e Ignacio María, su hermano, se trasladaron a América en el siglo XIX y regresaron a Zumarraga con una considerable fortuna, lo que les permitió adquirir terrenos donde hoy se levanta la plaza Euskadi. Posteriormente, vendieron el terreno al Ayuntamiento, que construyó la plaza y el edificio del ayuntamiento. Además, José Antonio construyó el batzoki, mientras que su hermano levantó la conocida Casa Itarte.
El parque que alberga la secuoya fue creado por José Antonio Alberdi y originalmente pertenecía a su propiedad. Posteriormente, el PNV cedió el parque al Ayuntamiento cuando adquirió el edificio contiguo. Este legado de los hermanos Alberdi no solo resalta la importancia histórica de estas familias en la localidad, sino que también subraya cómo la naturaleza y la historia se entrelazan en el paisaje de Urretxu y Zumarraga.
La relación entre ambas localidades va más allá de la rivalidad; se manifiesta en su historia compartida y en la manera en que los árboles simbolizan su identidad. A medida que avanza el tiempo, es fundamental que ambas comunidades sigan reconociendo su herencia común y celebren sus tradiciones, que son el reflejo de un pasado rico y variado. La simbiosis entre Urretxu y Zumarraga continúa siendo un ejemplo de cómo la historia, la cultura y la naturaleza pueden entrelazarse para crear un relato vibrante del que ambos pueblos pueden sentirse orgullosos.




























































































