La ciudad de Donostia ha revivido su procesión de Viernes Santo, un evento que no se celebraba desde hace 59 años. La capital guipuzcoana dejó de realizar estas ceremonias en los años 70 sin una fecha concreta, convirtiéndose en un símbolo de la secularización de estas festividades en la región. Sin embargo, este pasado viernes, las calles volvieron a llenarse de pasos y cirios, con más de 400 personas registradas para participar en la reactivación de esta tradición.
Los organizadores de este regreso han indicado que su decisión responde a un renovado interés en la religiosidad popular, especialmente entre los jóvenes. Este renacer cultural se manifiesta en diversas expresiones artísticas, que van desde la música hasta el cine, como es el caso de la película «Los domingos».
El Obispado de Donostia ha declarado que la recuperación de la procesión ha sido impulsada mayormente por laicos, aunque han colaborado con la cofradía Nuestro Padre Jesús Nazareno, fundada en 1927, que ha experimentado un notable resurgimiento en esta ocasión.
La multitud se congregó en la Catedral del Buen Pastor, donde el desfile procesional comenzó a las 20:30 horas, anunciándose previamente con el sonido de una carraca desde el campanario. La procesión, encabezada por la cruz de guía y el estandarte de la cofradía, contó con la presencia del obispo de Donostia, Fernando Prado.
Para esta singular ocasión se han restaurado tres de los pasos tradicionales que eran parte del recorrido hasta la década de los 70. El resto del patrimonio se encuentra actualmente en paradero desconocido. Los organizadores esperan que esta primera celebración sea el punto de partida para un evento que crezca en contenido y relevancia, buscando equipararse a las procesiones de antaño.
Los cofrades han llevado un hábito inspirado en los usados históricamente, caracterizado por una túnica blanca y un caperuz morado con la cruz de Jerusalén. Por su parte, los niños han vestido túnicas blancas o vestimenta hebrea, portando objetos simbólicos como coronas de espino, lanzas o clavos.
El sonido de los tambores y los ‘txistus’ acompañó el desfile, que también fue enriquecido por la participación de numerosos ciudadanos que sostenían cirios a lo largo del recorrido. Esta reactivación de la procesión de Viernes Santo no solo representa un retorno a las tradiciones, sino que también refleja cómo la cultura religiosa puede adaptarse y renacer en la actualidad.
El esfuerzo conjunto de la comunidad y la Iglesia en este evento sugiere que la procesión podría convertirse en un elemento clave en el calendario cultural de Donostia, promoviendo un sentido de identidad y memoria colectiva que ha estado ausente durante décadas. Con la intención de continuar con esta celebración, los promotores están decididos a que la procesión evolucione y crezca, asegurando que las tradiciones perduren en el tiempo.





























































































