A medida que el fenómeno migratorio crece en Gipuzkoa, la realidad de quienes cruzan fronteras en busca de una vida mejor se hace cada vez más palpable. Desde 2021, la población migrante en la región ha experimentado un incremento del 30%, lo que significa que uno de cada siete residentes tiene origen extranjero. Entre ellos, Yaya, Sheila y Mohamed se han convertido en ejemplos de superación, enfrentando dificultades inimaginables durante su travesía hacia Donostia.
Yaya, originario de Guinea, emprendió su viaje en 2015 con la esperanza de encontrar un futuro más prometedor. A pesar de no saber su edad exacta, fue en Málaga donde le asignaron su fecha de nacimiento. Su travesía lo llevó a atravesar Mali y Libia, donde enfrentó precariedades y la amenaza constante de la violencia. Yaya recuerda cómo, tras ser deportado al desierto del Sáhara, se sintieron abandonados y vulnerables. “No teníamos dinero y no sabíamos a dónde ir”, comparte.
Finalmente, tras varias adversidades, Yaya logró llegar a Tamarasset en Argelia, donde las condiciones laborales eran extremas. “Dormíamos en el mismo edificio donde trabajábamos, y muchas veces no nos pagaban”, relata con amargura. Su viaje no estuvo exento de tragedias, incluyendo la muerte de su amigo Alosein, quien fue torturado antes de fallecer. “Le prometimos que seguiríamos adelante”, dice Yaya, emocionado por la memoria de su amigo.
Después de llegar a Gando, Marruecos, Yaya se arriesgó a cruzar el Mediterráneo. “Nos dijeron que cinco de cada seis barcos no volvían”, recuerda, pero su determinación lo llevó a tomar esa decisión arriesgada. Rescatado por un helicóptero, llegó a Málaga y, tras recibir apoyo de la Cruz Roja, se trasladó a Donostia, donde actualmente trabaja en Amcor en Lezo. “Ahora vivo en Amara y mi vida ha cambiado por completo”, añade con gratitud.
Por su parte, Mohamed Rouchdi, un joven nacido en Casablanca, ha enfrentado su propia lucha. Con 23 años, llegó a Donostia tras un largo viaje que comenzó por la búsqueda de mejores oportunidades en Europa. “En Marruecos no hay oportunidades, y decidí salir”, señala. Su travesía lo llevó a cruzar ríos y fronteras, enfrentando el miedo de ser detenido por la policía en cada paso.
Una vez en Austria, Mohamed trabajó como jornalero, pero la situación se tornó complicada debido a las estrictas políticas migratorias. Al final, un consejo le llevó a Donostia, donde su vida cambió drásticamente. Al llegar, se vio obligado a dormir en la calle durante más de un año. Con el apoyo de organizaciones como Jatorkin, Mohamed logró acceder a un piso y recibir una ayuda económica de 400 euros al mes del Gobierno Vasco. “Ahora estudio un grado de soldadura y estoy en proceso de conseguir mis papeles”, explica, reflejando su esperanza por un futuro mejor.
Por último, Sheyla Mariela Díaz, originaria de Nicaragua, también ha vivido una historia de lucha y resiliencia. A pesar de su deseo de una vida diferente, enfrentó presiones familiares y violencia de género. Su viaje a España comenzó con la búsqueda de un nuevo hogar, pero las dificultades no desaparecieron. “Trabajé en diversos empleos, desde cuidar mayores hasta en fruterías, mientras gestionaba mi asilo”, relata.
Sheyla, tras enfrentar la tragedia de la enfermedad de su hijo, encontró apoyo en la comunidad vasca, creando una nueva vida en Donostia. “La gente aquí es encantadora y quiero que este sea mi hogar para siempre”, afirma con una sonrisa. Su historia, al igual que la de Yaya y Mohamed, es testimonio de la fortaleza de aquellos que, a pesar de los obstáculos, buscan integrarse y formar parte de la sociedad que les acoge.
Las historias de Yaya, Sheila y Mohamed reflejan la complejidad y desafío del fenómeno migratorio en Gipuzkoa. A pesar de las penurias, estos migrantes están decididos a construir su futuro en esta tierra que los ha recibido, subrayando la importancia de la solidaridad y el apoyo comunitario en tiempos de crisis.






























































































