El Gobierno Vasco ha mantenido su previsión de crecimiento del PIB para 2026 en un 1,9%, aunque existe la posibilidad de que esta cifra se reduzca en dos décimas si continúa la crisis energética. Este anuncio fue realizado por el vicelehendakari y consejero de Economía, Trabajo y Empleo, Mikel Torres, durante la presentación de las nuevas proyecciones macroeconómicas para Euskadi. La presentación tuvo lugar en un contexto internacional caracterizado por alta incertidumbre debido a las tensiones geopolíticas y su impacto en los mercados energéticos.
Torres destacó que la economía vasca comenzó 2026 con un crecimiento interanual del 2,2%, aunque se prevé que este ritmo se modere a lo largo del año. A pesar de esta desaceleración, el vicepresidente subrayó que la demanda interna se mantiene fuerte, con un consumo dinámico y una inversión que, aunque más moderada que en 2025, seguirá siendo importante. Este patrón de crecimiento reduce la exposición a la debilidad del comercio internacional, lo que es crucial en el contexto actual.
El vicelehendakari, acompañado por el viceconsejero de Economía, Iñaki Ruiz, y la directora de Economía, Margarita Andrés Ortega, contextualizó estas previsiones en un entorno de incertidumbre elevada. Esta incertidumbre es provocada por el recrudecimiento de conflictos como el de Oriente Próximo, el aumento de precios del petróleo y el gas, y las disrupciones logísticas que afectan al comercio global.
Torres enfatizó que, a pesar de las preocupaciones, los fundamentos de la economía vasca son sólidos y las políticas públicas actúan como un amortiguador frente a los riesgos externos. Sin embargo, advirtió que si persiste el encarecimiento energético, se podría ver un descenso en la previsión de crecimiento del PIB. Según su explicación, el cierre de rutas clave para el comercio energético y los ataques a infraestructuras han elevado los precios de la energía, lo que introduce nuevos riesgos relacionados con la inflación y la actividad económica.
Desde la perspectiva sectorial, se espera que el sector servicios siga siendo el principal motor económico de Euskadi, con un crecimiento proyectado del 2,1% en 2026. La construcción también mostrará un avance sólido, cercano al 2,6%. En contraste, la industria enfrentará un entorno más complicado debido a los altos costos energéticos. A pesar de esto, se prevé que la actividad industrial no se contraiga significativamente.
En cuanto al mercado laboral, se ha valorado el desempeño positivo del empleo, con expectativas de crecimiento del 1,0% en 2026 y del 0,7% en 2027. Estas cifras contribuirán a reducir la tasa de desempleo al 6,4% en 2026 y al 6,2% en 2027. Torres destacó que el crecimiento del empleo ayudará a sostener la renta de los hogares y la confianza en la economía.
El aumento de la inflación, impulsado por el encarecimiento energético, es otra preocupación que Torres mencionó. El IPC adelantado de marzo se situó en el 3,3% interanual, lo que indica que el shock energético ya está afectando a la economía. En este sentido, el vicelehendakari señaló que las políticas públicas están desempeñando un papel crucial para mitigar este impacto, evitando traslados abruptos a los precios finales y protegiendo el poder adquisitivo de las familias.
Finalmente, se han analizado escenarios alternativos que contemplan la posibilidad de que el encarecimiento energético se prolongue. Si el precio del barril de Brent se mantiene próximo a los 100 dólares, se estima que el crecimiento del PIB podría disminuir en dos décimas al cierre de 2026. A pesar de estas proyecciones, Torres concluyó con un mensaje de cautela y confianza, subrayando que, aunque la economía vasca enfrenta un entorno incierto, se encuentra en una posición relativamente fuerte, lo que permite mantener las previsiones actuales.






























































































