La trayectoria política de Pilar Aresti Victoria de Lecea se remonta a los inicios de la Transición, cuando comenzó a militar en la UCD. Su carrera la llevó a ocupar varios cargos relevantes, como diputada en la Diputación de Bizkaia entre 1979 y 1983, y posteriormente en las Juntas Generales de este territorio como representante del PP. Aresti, miembro de una de las familias históricas de la oligarquía vizcaína, ha sido una figura destacada en la política vasca, especialmente en un contexto marcado por la violencia y la incertidumbre.
El recuerdo de sus primeros años en Madrid está marcado por los viajes que realizaba con su padre, el conde de Aresti, quien viajaba por motivos de trabajo. Durante esos trayectos, Pilar desarrolló un interés por las artes, que la acompañaría toda su vida. Su formación académica en el colegio Ciudad Ducal de Ávila y sus visitas a la capital incentivaron su curiosidad y compromiso con la cultura.
A lo largo de su carrera política, Aresti vivió momentos difíciles, especialmente durante la actividad terrorista de ETA. La exsenadora recuerda con especial tristeza el año 1980, cuando varios miembros de su partido fueron asesinados. “Era un periodo en el que la libertad era un lujo, y la violencia estaba a la orden del día”, señala. Su primo, Enrique Aresti, también fue víctima de esta violencia, lo que dejó una huella profunda en ella.
En el año 2000, Pilar Aresti fue elegida senadora por Bizkaia en las listas del PP, lo que le permitió establecer una relación más estrecha con Madrid. Durante su tiempo en el Senado, Aresti participó activamente en comisiones que abordaban temas de Defensa, Educación y Cultura, y tuvo la oportunidad de viajar y representar al Senado en diversas ocasiones. Uno de los episodios más impactantes de su carrera fue el atentado que sufrió en su domicilio en 2000, cuando ETA colocó una bomba frente a su casa en Getxo. “La Ertzaintza me avisó de la inminencia de la explosión y, afortunadamente, logramos protegernos”, recuerda Aresti, quien destaca el apoyo inmediato que recibió de compañeros de diferentes partidos tras el ataque.
En su vida personal, Aresti ha estado involucrada en diversas actividades sociales y culturales. Como vicepresidenta de la Residencia Conde Aresti, ha trabajado en el ámbito del bienestar social, mientras que su papel en el Museo Guggenheim ha sido igualmente significativo. Desde su creación, ha promovido la vinculación del museo con la cultura vasca y ha defendido la importancia de proyectos como este para la región.
Su relación con la política también ha estado marcada por interacciones con otros líderes, como el expresidente Mariano Rajoy. “Ha sido una persona cercana y accesible, con la que compartí muchos momentos en el Senado”, enfatiza. Esta conexión ha sido fundamental para Aresti, quien siempre ha defendido los intereses de Euskadi, tanto en Madrid como en su vida personal.
A lo largo de su vida, Aresti ha mantenido una visión optimista sobre el futuro de Euskadi, a pesar de las dificultades del pasado. La reciente declaración de cese de la violencia por parte de ETA fue recibida con sentimientos encontrados. “Había esperanza, pero también asombro ante la forma en que se presentó”, confiesa. Ella considera que, aunque se ha hecho un progreso, aún queda un largo camino por recorrer hacia una paz total en la región.
Conforme avanza en su relato, Aresti plantea que, aunque ha habido avances en la convivencia, todavía hay heridas abiertas que requieren atención. “No se puede olvidar el sufrimiento de las víctimas. La verdadera paz se logrará cuando todos los actores dejen las armas y trabajen juntos por el bien común”, concluye. Su trayectoria refleja un compromiso inquebrantable con la defensa de Euskadi y su cultura, dejando un legado que perdurará en la memoria colectiva.































































































