La ciudad de Trenque Lauquen, situada en el oeste de la Provincia de Buenos Aires, Argentina, es conocida por una impresionante escultura diseñada por el artista vasco Néstor Basterretxea, que se instaló allí hace 30 años, el 24 de marzo de 1996. Esta fecha tiene un significado especial, ya que coincide con la conmemoración del golpe de Estado que dio inicio a la última dictadura argentina en 1976. Tras la restauración de la democracia en 1983, diferentes organizaciones de derechos humanos han promovido actos de homenaje en este día, para recordar a las víctimas del terrorismo de Estado y exigir justicia por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante ese periodo oscuro.
Desde el retorno a la democracia, Trenque Lauquen ha participado activamente en estas conmemoraciones. En colaboración con la Comisión de Derechos Humanos de la ciudad, se han llevado a cabo actos tanto el 24 de marzo como el 10 de diciembre, fecha del Día de la Restauración de la Democracia. En 1993, para celebrar el décimo aniversario de la democracia, se inició un proyecto artístico que consistía en un museo escultórico al aire libre en honor a los desaparecidos de la dictadura. La iniciativa incluyó una Convocatoria Nacional a Escultores, evaluada por un jurado de artistas argentinos reconocidos como Antonio Pujía, Aurelio Macchi y Ricardo Dagá.
De los 28 artistas que se presentaron, se eligieron cuatro esculturas que fueron instaladas en la Plaza Francia de Trenque Lauquen. Las obras seleccionadas fueron “Imágenes” de Luis Jiménez, “Esencial” de Carlos Cornejo, “Retrato de un tiempo” de Juan Alfredo Percivale y “Fragmentos y esfera” de Ferruccio Polacco. Este conjunto escultórico fue realizado con el apoyo de distintos sectores de la comunidad y está acompañado por un cartel que dice: “Porque la vida como el arte, solo florece en libertad”.
Posteriormente, la comisión organizadora, compuesta por familiares de desaparecidos y activistas de derechos humanos, extendió una invitación a Basterretxea para que participara en el homenaje, teniendo en cuenta su vínculo afectivo con Argentina, país que le brindó refugio durante su exilio de la dictadura franquista. La familia de Basterretxea tuvo que abandonar su Bermeo natal en 1936 debido a la Guerra Civil y se vio forzada a trasladarse a Francia, donde permanecieron hasta que la ocupación alemana los llevó a emprender un largo viaje hacia Buenos Aires.
Durante su estancia en Argentina, Basterretxea desarrolló su carrera artística y forjó relaciones importantes, entre ellas con su esposa, María Isabel Irurzun Urquía, y el escultor Jorge Oteiza. María Isabel, originaria de Guaminí, una localidad cercana a Trenque Lauquen, fue fundamental en su vida. Años después de regresar a Euskal Herria, Basterretxea dedicó una obra titulada “Pampero +30º”, donde evocaba su experiencia en la región pampeana y mencionaba a Trenque Lauquen.
En 1995, el artista donó a la ciudad una maqueta de su escultura “¡Azul, blanco y azul y viva la libertad!”, en alusión a los colores de la bandera argentina. En una carta dirigida a la Comisión de Derechos Humanos, Basterretxea expresaba su agradecimiento por permitir que su obra se integrara en el paisaje urbano. En su mensaje, subrayaba cómo su experiencia con la brutalidad de los autoritarismos y su apego a Argentina, que consideraba su segunda patria, le conectaban con el proyecto. La escultura fue presentada como un símbolo de resistencia y esperanza.
La carta incluía indicaciones sobre los materiales y características de la escultura, que fueron seguidas meticulosamente por los involucrados en su construcción, reflejando así la visión artística de Basterretxea. La comunidad de Trenque Lauquen se unió en un auténtico auzolan, donde empresas, técnicos y artistas colaboraron desinteresadamente. La arquitecta Lilián Marcos diseñó los planos y el municipio se encargó de comprar los materiales necesarios, incluyendo planchas de hierro y hormigón. Varios vecinos también aportaron sus recursos para garantizar el éxito del proyecto.
Adrián Robles, mecánico y artista plástico, se encargó de soldar las partes de la escultura, con la ayuda de otros vecinos en la pintura y acabados. Robles, quien compartió un vínculo cercano con la obra, tenía motivos personales para involucrarse: su hermana mayor forma parte de la lista de desaparecidos, y su otra hermana había sido secuestrada y liberada. Ella fue la voz de los sobrevivientes durante la inauguración de la escultura, donde relató las atrocidades vividas en los centros clandestinos de detención.
Finalmente, la escultura, que mide seis metros y pesa cinco toneladas, fue inaugurada con un emotivo acto el 24 de marzo de 1996. En la ceremonia, participaron autoridades locales, miembros de organizaciones de derechos humanos y familiares de desaparecidos. Aunque Basterretxea no pudo estar presente, su voz resonó a través de una grabación que se reprodujo en la ceremonia. Se instaló un monolito que, con el tiempo, se ha ido completando con placas con los nombres de los trece desaparecidos de Trenque Lauquen.
El artista tuvo la oportunidad de ver su obra culminada en noviembre de 1997, durante una visita a la ciudad. Pocos días antes, había inaugurado otra escultura en Buenos Aires, titulada “El Árbol”. Ambas obras reflejan su agradecimiento hacia Argentina, un país que le ofreció un nuevo hogar. “¡Azul, blanco y azul y viva la libertad!” simboliza no solo su experiencia compartida con el pueblo argentino durante las dictaduras, sino también un compromiso con la defensa de los derechos humanos. Este proyecto artístico se ha convertido en una manifestación del espíritu de colaboración que caracteriza a la cultura vasca, uniendo a la comunidad de Trenque Lauquen en un esfuerzo colectivo significativo.































































































