La atención internacional se ha centrado en la Fase 11, una plataforma de extracción de gas ubicada en el Golfo Pérsico, en el contexto de los recientes conflictos en la región. Esta estructura, que se considera crucial para la economía global, ha sido objeto de vigilancia constante desde que Estados Unidos e Israel comenzaron a atacar instalaciones en Irán. La Fase 11 es parte del yacimiento de gas más grande del mundo, conocido como South Pars, que contiene aproximadamente 51 billones de metros cúbicos de gas natural.
La historia de este yacimiento se remonta a 1971, cuando la compañía estadounidense Shell descubrió el ‘North Dome’ en aguas de Catar, sin saber que formaba parte de una bolsa de gas mucho mayor que se extendía hacia Irán. En 1990, los expertos de la Compañía Nacional de Petróleo de Irán (NIOC) confirmaron que podían perforar en sus aguas y acceder a este vasto recurso. Sin embargo, la explotación de South Pars ha estado marcada por retos geopolíticos significativos, especialmente debido a las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos y Europa, que han limitado la inversión extranjera en el país persa.
Ante estas restricciones, Irán decidió avanzar con su plan de extracción, lo que llevó a la apertura de la Fase 11 en 2023. Para ello, se requirió un esfuerzo considerable, que incluyó el traslado de una plataforma de 3.200 toneladas desde la Fase 12. Esta plataforma es esencial para mantener la presión dentro de South Pars, un factor determinante para asegurar que el gas no se desplace hacia las aguas de Catar, donde la tecnología avanzada permite una extracción más eficiente.
Recientemente, entre el 18 y el 19 de marzo, la situación se intensificó cuando aviones de combate de Israel y Estados Unidos bombardearon la ciudad costera iraní de Asaluyeh, donde se encuentran las instalaciones clave para el control de South Pars. Esta acción provocó reacciones vehementes desde Teherán. El gobernador de Asaluyeh, Eskandar Pasalar, calificó el ataque como un «suicidio político», advirtiendo que se había cruzado una línea roja en la dinámica bélica de la región.
Las repercusiones de estos ataques han generado un clima de temor en los países del Golfo, que dependen de la estabilidad de la producción de gas. Irán, en respuesta, ha advertido que podría atacar las infraestructuras de sus enemigos en caso de ser atacado nuevamente, lo que podría llevar a una crisis económica a nivel mundial. La Guardia Revolucionaria de Irán ya ha tomado medidas para proteger la Fase 11 mediante el despliegue de misiles antiaéreos.
Con la tensión en aumento y el futuro de la extracción de gas en juego, la comunidad internacional sigue observando de cerca cada movimiento en esta región crítica. La dinámica de la guerra en el Golfo Pérsico no solo afecta a los países involucrados, sino que tiene implicaciones significativas para la economía global, dado el papel crucial que desempeña el gas natural en el suministro energético mundial.






























































































