La percepción habitual de Palestina está marcada por la violencia y el sufrimiento, sin embargo, más allá de estas tragedias se encuentra un pueblo que, como cualquier otro, vive su cotidianidad lejos de los conflictos. Esta es la esencia de la exposición fotográfica que se presenta en el Centro Cultural de Okendo en Donostia, donde se exhiben 122 imágenes que muestran la vida de las familias palestinas y su historia.
Las fotografías, tomadas de los archivos del Palestinian Museum Digital Archive, representan un patrimonio visual que se ha ido acumulando durante décadas gracias a la entrega de las propias familias. El comisario de la muestra, Pablo Llorca, ha seleccionado estas imágenes para la exposición titulada «Para contar mi historia», que es resultado de la colaboración entre el Ayuntamiento de Donostia, la Asamblea de Cooperación por la Paz y el Festival de Cine y Derechos Humanos.
Durante la presentación de la exposición, Llorca, acompañado por el concejal de Diversidad, Inclusión y Medio Ambiente, Iñigo García, destacó que esta muestra estará disponible en Donostia hasta el 6 de junio y ha recorrido diversas ciudades del Estado. El objetivo principal de la exposición es ofrecer un enfoque humanista sobre la realidad palestina: “Queríamos contar la vida cotidiana más allá del horror”, afirmaron los organizadores.
Las imágenes seleccionadas abarcan desde 1948, el año de la Nakba, que marcó el éxodo de más de 700.000 palestinos, hasta nuestros días. Estas instantáneas ofrecen un vistazo a la vida diaria de los palestinos, que incluye tanto actividades cotidianas como celebraciones religiosas, sin eludir el contexto del conflicto actual. Llorca subrayó que omitir este aspecto sería “artificial”.
La exposición también refleja la transformación de la sociedad palestina a lo largo de los años. Según Llorca, durante las décadas de los 50 a los 70, esta comunidad era “indisociable de cualquier sociedad del Mediterráneo”, pero con el tiempo ha ido adoptando un carácter más religioso. La mayoría de las fotografías de esa época provienen de la clase media, que era la que tenía acceso a cámaras, aunque hoy en día el uso de teléfonos móviles ha democratizado la captura de imágenes.
Las fotografías presentadas son en su mayoría de carácter personal, tomadas por los propios palestinos y, muchas veces, destinadas a álbumes familiares. Estas imágenes han sido cedidas al museo con la intención de facilitar una conexión directa y auténtica con su historia. Por ello, las fotografías no han sido retocadas, permitiendo así observar los “imperfectos” que caracterizan cada imagen original.
Se ha optado por excluir las fotografías de figuras políticas y profesionales, salvo una excepción, para que los protagonistas sean exclusivamente los ciudadanos palestinos. “El genocidio no solo afecta a las vidas humanas, también a la memoria”, expresó Llorca, quien es profesor de Teoría de la Fotografía y del Cine en la Universidad de Salamanca. La exposición toma su título de un poema del escritor palestino Refaat Alareer.
Para complementar la exposición, se han programado diversas actividades paralelas. Se llevarán a cabo dos visitas guiadas este jueves, además de la presentación de libros como «Palestina, la tierra estrecha» de Beatriz Lecumberri el 18 de abril y «Palestina, la existencia negada» de Teresa Aranguren el 28 de mayo. También se ofrecerá un concierto del grupo palestino Sol Band el 29 de mayo.































































































