En el último domingo de Cuaresma, el cardenal Carlos Castillo hizo un llamado a la reflexión sobre el estado actual del mundo, advirtiendo que «el mundo se está convirtiendo en un sepulcro universal» debido a la guerra y la exaltación de los poderosos. Durante su homilía, el Prelado enfatizó la necesidad de «resucitar la palabra pastoral» en la vida de la Iglesia, instando a los fieles a que su testimonio de servicio a Jesús no se vea eclipsado por distracciones superficiales.
Al conmemorar el V domingo de Cuaresma, el arzobispo de Lima recordó que la liturgia de estas semanas nos dirige hacia una sola figura: Jesús. Subrayó que «tenemos que vivir siguiendo a Jesús, permanentemente», ya que sin su presencia no hay vida cristiana ni esperanza. Inspirado en el evangelio de Juan, que relata la resurrección de Lázaro, el cardenal destacó la importancia de las relaciones de amistad, enfatizando que el Señor busca en nosotros una conexión sincera que reconozca tanto los errores como el valor de los demás.
Sin embargo, el cardenal Castillo señaló una preocupante realidad: «en el mundo se ha instaurado una lógica de las relaciones humanas basadas en las alianzas y componendas». Esta dinámica, según él, oculta la corrupción y fomenta el chisme y la mentira. En este sentido, resaltó que solo quienes tienen una experiencia cercana con la gente sencilla pueden liderar efectivamente la Iglesia, de lo contrario, corren el riesgo de convertirse en indiferentes que no aportan nada significativo.
El Prelado también abordó el valor esencial de la Palabra en la vida eclesial, afirmando que «nosotros nos dejamos penetrar por la meditación y el conocimiento vivo de la Palabra de Dios al Señor». A su juicio, celebrar los sacramentos sin una conexión con la Palabra de Dios puede resultar en una experiencia superficial. «Cuando evitamos la Palabra de Dios y solamente venimos a contemplar la Eucaristía, terminamos haciendo lo que cada uno siente y no lo que el Señor nos pide», argumentó.
Asimismo, Castillo advirtió que la Semana Santa no es la repetición de ritos, sino que su verdadero sentido radica en que sean significativos y repercutan en la vida cotidiana de los creyentes. Para ilustrar esta idea, mencionó el sepulcro de Lázaro como una clave para entender los problemas del mundo actual, tales como «el silencio, la opacidad, el chisme, la mentira». Según él, estas distracciones pueden adormecer la conciencia y hacer que ignoramos la gravedad de las situaciones que nos rodean.
El cardenal también expresó su preocupación por el sufrimiento de los más vulnerables, señalando que «están muriendo tantísimos niños en el mundo no solo por el hambre y la miseria, sino también por los ataques arteros que se están produciendo entre las potencias». En este contexto, hizo un llamado a recuperar la esperanza y la fuerza para enfrentar la adversidad, destacando que «el Señor nos ha hecho sus amigos» y eso debe impulsarnos a actuar con valentía y solidaridad.
Resucitar la palabra «pastoral»
A medida que se aproxima el 420 aniversario de la muerte de Santo Toribio de Mogrovejo, el cardenal Carlos Castillo subrayó que la diócesis de Lima debe ser proactiva y misionera, rechazando el estancamiento en el que se prohíbe hablar de la pastoral. «Hay que resucitar la palabra ‘pastoral’, la palabra ‘servicio’, la palabra ‘misión'», enfatizó, al tiempo que resaltó la importancia de acercarse a las personas y aprender de ellas.
Finalmente, el arzobispo de Lima concluyó su mensaje enfatizando que «la paz desarmada y desarmante se construye a partir del reconocimiento del valor del Otro». En este sentido, instó a los presentes a reflexionar sobre cómo pueden salir de sus propios «sepulcros» y cómo el Espíritu de Dios puede guiar sus decisiones. Castillo subrayó que este proceso no es solo una cuestión individual, sino que requiere responsabilidad ciudadana y un compromiso con el bienestar común.
La Eucaristía de este domingo fue enriquecida por la participación de representantes del decanato 3, quienes, en procesión, trajeron las reliquias de Santo Toribio de Mogrovejo para entregarlas a las comunidades parroquiales del decanato 4, así como la presencia de la Hermandad del Señor Crucificado del Rímac.





























































































